miércoles, 20 de agosto de 2014
Disuelven bloqueo en frontera Colombia-Venezuela
lunes, 16 de agosto de 2010
ANÁLISIS: Colombia: un nombre continental para un estado nacional

Varias personas cruzan el puente internacional Simón Bolívar, en la frontera entre Venezuela y Colombia.- REUTERS
Tomado de:
De la misma manera que EE UU se apropió del nombre continental de América con su independencia en 1783, un proceso paralelo pero más complejo fue el experimentado con el nombre de Colombia. El historiador Aimer Granados, de la Universidad Autónoma Metropolitana-Cuajimalpa (Ciudad de México), nos relata las aventuras de los nombres de Colombia desde el siglo XVI en adelante
AIMER GRANADOS 16/08/2010
Consulta el especial 'Los nombres de América'
El nombre Colombia en la historia moderna de América siempre tuvo algo de mítico, con resonancias a la epopeya del descubrimiento colombino. Hoy, este nombre se refiere a una identidad política nacional: desde fines del siglo XIX, los colombianos así se identifican, pero no siempre esta representación nacional tuvo tal connotación.
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El término "Columbia" fue utilizado también para referirse a la naciente nación norteamericana, aunque nunca llegó a oficializarse como tal en ningún documento
Tal vez desde fray Bartolomé de las Casas estuvo presente la idea de llamar al Nuevo Continente o, al menos a una parte de él, con un nombre alusivo a su descubridor Cristóbal Colón. "Columba" fue el toponímico que utilizó el fray. En la época de las independencias hispanoamericanas, "Colombia", como nombre, indistintamente fue utilizado para denominar alguna porción del continente, pero, más precisamente, entre 1819 y 1830 para nombrar el proyecto político en torno al naciente y efímero estado nacional Colombia, más conocido como la "Gran Colombia", creada por Simón Bolívar. Este proyecto político constituyó una nueva nación construida a partir de un cuerpo de vasallos reales que se separaron violentamente de su soberano en las provincias que habían sido parte de tres divisiones territoriales de la Corona española: un virreinato (Nueva Granada), una capitanía (Venezuela), y una presidencia y audiencia (Quito). (Véase el mapa que acompaña este texto).
Al hacer la historia del nombre "Colombia", también es necesario referirse a la Independencia de los Estados Unidos de America en 1783. En este contexto, el término "Columbia" fue utilizado para nombrar al Continente, pero también para referirse a la naciente nación norteamericana, aunque nunca llegó a oficializarse como tal en algún documento constitucional o de carácter oficial. Más bien, estuvo asociado a algunos poetas y círculos literarios de la época, y fue utilizado para bautizar diferentes divisiones políticas de los Estados Unidos.
La "República de Nueva Granada"
El venezolano Francisco de Miranda castellanizó la expresión "Columbia" y acuñó el nombre "Colombia". Miranda utilizó este toponímico para referirse alternativamente al hemisferio occidental, para nombrar a la América Española, o para bautizar a la nación que pensaba crear en los antiguos territorios de la monarquía española en América, una vez éstos se hubieran independizado. La capital de dicha nación se llamaría "Colombo". Hacia mediados del siglo XIX, los colombianos Tomás Cipriano de Mosquera y José María Samper todavía insistían en sus escritos en llamar "Colombia" a la América del Sur. En 1875, otro colombiano, Ezequiel Uricoechea, nombra "Colombia" a Sudamérica. Por su parte, el puertorriqueño Eugenio María de Hostos renombró a Hispanoamérica como "La América colombiana, Colombia y Continente Colombiano". Hacia fines del siglo XIX, la polisemia del nombre "Colombia" derivó hacia un solo significante, esto es, la actual República de Colombia.
Cabe aclarar que si bien esta breve reseña histórica se centra en el nombre "Colombia", al menos entre 1830 y 1863 el nombre que alimentó el imaginario político y de nación de lo que constituyó el antiguo virreinato de la Nueva Granada fue la "República de Nueva Granada". Nueva Granada como nombre y como entidad política, territorial e histórica, tuvo mayor fuerza que su rival Colombia en el contexto de la transición colonial hacia los tiempos republicanos. Efectivamente, exceptuando la década colombiana (1819-1830), la denominación República de Nueva Granada sancionada por la Constitución de 1832 y luego la Confederación Granadina, aprobada por la Constitución de 1858, fueron los nombres que dieron rumbo al nuevo estado nacional. Pero la Constitución de 1863 regresó al nombre de "Colombia" al formar los Estados Unidos de Colombia y a partir de la Constitución de 1886 se adoptó el nombre de "República de Colombia".
Más allá de la cultura
En los inicios de la década de 1980 los estudios sobre la nación enfilaron los análisis hacia aspectos relacionados con la cultura que poco habían aparecido en los estudios sobre la formación de los estados nacionales. Es en este ámbito de la cultura y de las representaciones e imaginarios en torno a la nación en donde una historia del nombre "Colombia" se torna interesante en la medida que permite estudiar la delimitación de un espacio cultural que, en una temporalidad que tal vez se extienda hasta fines del siglo XIX, sino es que más acá, permitió consolidar el estado nacional y una identidad nacional colombiana. Este proceso fue largo y lento y tuvo que ver con la entronización en el imaginario de los futuros colombianos, de rituales civicopatrióticos, símbolos patrios, un relato de la historia nacional, una literatura nacional y, ante todo, ciudadanos que se pensaran como integrantes de una comunidad imaginada llamada Colombia.
Cabe señalar que el proceso de formación de la nación colombiana no se agota en procesos atinentes al ámbito de la cultura. De él también hacen parte entre otros aspectos, la definición del territorio, las pugnas de carácter político (guerras civiles) en torno a problemas tan fundamentales como la adopción de la forma de gobierno y constitución del Estado (centralismo o federalismo), las relaciones Iglesia-Estado y, por supuesto, los aspectos relacionados con la economía, la formación de un mercado interno nacional, los avatares del fisco, el problema de los impuestos y la inserción de la economía nacional al capitalismo internacional. Evidentemente, también hace parte de este proceso la formación de una sociedad moderna que hizo su tránsito de súbditos a ciudadanos, de sociedad estamental a sociedad de clases, de comunidades indígenas y negras a individuos libres e iguales ante la Ley.
ANÁLISIS: Brasil y sus nombres

Indígenas de una tribu que viven aislados del mundo, en plena selva del Amazonas.- AFP
Tomado de:
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Brasil/nombres/elpepuint/20100811elpepuint_2/Tes
En este breve ensayo, el historiador brasileño José Murilo de Carvalho, de la Universidad Federal de Río de Janeiro y miembro de la Academia Brasileña de las Letras, nos relata la sorprendente historia de los nombres de Brasil desde el inicio del siglo XVI hasta nuestros días a partir de una gran paradoja literaria.
Murilo analiza la relación entre mito y país, utopía y realidad, progreso y devastación, esperanza y frustración. Hace hincapié en la persistencia de estos contrapuntos fundamentales desde principios del siglo XVI hasta nuestros días. Preguntarse sobre la identidad, de acuerdo con Carvalho, implica mirarse en el espejo sin titubear y con total sinceridad pues, en caso contrario, no se pueden entender las contradicciones tanto de la formación de una nación como de la vida misma
JOSE MURILO DE CARVALHO 11/08/2010
Consulta el especial 'Los nombres de América'
Shakespeare hizo que Julieta afirmara que la rosa mantendría su perfume, cualquiera que fuera su nombre. Pero ¿ocurriría lo mismo con el nombre de un país?
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A FONDO
Capital:
Brasilia.
Gobierno:
República Federal.
Población:191,908,598 (2008)
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En 1503, en una famosa carta a Lorenzo de Médici, Américo Vespucio la bautizó "Mundus Novus".
Los portugueses la identificaron con la madera brazil, oriunda de Asia y conocida desde el siglo XII como fuente de colorante de paños.
La tierra encontrada por Cabral en 1500 era llamada "Pindorama" o "Tierra de Palmeras" por los habitantes nativos. Al llegar a las desconocidas y nuevas playas, el navegador las bautizó "Terra de Vera Cruz", aunque a los pocos días cambió el nombre por "Isla de Vera Cruz". Ello se debió al hecho de que el explorador era caballero de la Orden de Cristo, y por ello siempre llevaba una cruz sobre su pecho.
Al ser informado del descubrimiento, el rey de Portugal, Don Manuel, comunicó el gran acontecimiento a Fernando e Isabel, monarcas de la vecina España, proclamando la nueva tierra, "Terra de Santa Cruz". En 1503, en una famosa carta a Lorenzo de Médici, Américo Vespucio la bautizó "Mundus Novus". En la misma época, se difundió la noticia de la gran cantidad de loros en el Nuevo Mundo, y por ello surgió el nombre popular de "Tierra de Papagayos". Pero más importante que los pájaros tropicales era un árbol alto, grueso y espinudo, con tronco rojo y flores amarillos, que los indígenas llamaban "ibirá pitanga", árbol colorado. Los portugueses luego la identificaron con la madera brazil, oriunda de Asia y conocida desde el siglo XII como fuente de colorante de paños. Existían registros de este nombre en Italia desde el siglo XI y en España desde el siglo XII. Marco Polo habló del "brésil", y Vasco da Gama de "muy buen brasyll, que hace un excelente y fino bermejo". Ya desde 1511, en los mapas el nuevo nombre de "Brasil" se convirtió en el habitual, pero numerosas protestas se formularon en contra de dicha expresión. El cambio en la denominación de la Isla de Vera Cruz era obra del diablo, sostuvo Fray Vicente do Salvador, ya que se cambiaba el "divino árbol" por un árbol comercial.
Controversias
Pero, además, se produjeron muchas más controversias. La primera era grafológica. ¿Como escribir este nombre? Hubo, desde el siglo XI, al menos 23 formas distintas de escribir la palabra e inclusive hasta el siglo XX, se seguía discutiendo si debía ser "Brazil" o "Brasil". La mayor disputa fue histórica. ¿Cuál sería el origen del nombre del país? La versión tradicional pasó a ser fuertemente cuestionada a partir del primer cuatro del siglo XX, cuando el historiador Capistrano de Abreu adelantó otra hipótesis sobre el origen del nombre. En su opinión, "Brazil" era originalmente una isla mítica y paradisíaca localizada a la altura de la costa irlandesa: desde 1375 en los mapas de los frailes irlandeses -muy viajeros- la Isla Brazil figuraba siempre ya que se suponía que el mítico rey, Brasal, había fijado su residencia en la isla desde tiempos inmemoriales. El historiador Gustavo Barroso defendió la nueva interpretación en un libro publicado en 1941. Como fray Vicente, él detestaba la idea de la madera. En segundo lugar, era más digno derivar el nombre del país de una Tierra legendaria que de un vil producto tropical comercializado por cristianos nuevos.
El gentilicio "brasileiro" también incomodaba a muchos. Era el término originalmente aplicado para describir a un comerciante del palo brasil, un oficio nada superior al de un herrero o un minero. De hecho, recordemos que hasta fines del siglo XVII era ofensivo llamar a un hombre blanco "brasileiro". Los indígenas nativos eran conocidos como "brasis", mientras que los blancos se consideraban portugueses. Un portugués nacido en Brasil era denominado "português do Brasil" o "luso-americano". Pero ya en la época de la independencia se difundieron también los gentilicios "brasiliense", "brasílico" y "brasiliano".
Aunque no tiene verdadero sustento histórico, la hipótesis de la isla medieval de Brasil como fuente originaria embonaba perfectamente con dos facetas fundamentales del imaginario nacional que tenían sus orígenes en los textos antiguos de Cabral y Vespucio, pero también en los escritos de la independencia y del romanticismo, e inclusive llegan hasta nuestros días: nos referimos a la supuesta naturaleza paradisíaca de la tierra brasileña, un país grande, rico y bello. La grandeza natural justificaba otro rasgo de nuestro imaginario, la utopía del gran imperio, materializada en el nombre de la nueva nación, cuando logró su independencia en 1824. Brasil sería siempre el país del futuro, como rezaba el título del famoso libro de Stefan Zweig, de 1941.
Brasil, tierra de exploración comercial o Isla Encantada. Julieta no tenía razón.
jueves, 5 de agosto de 2010
Nuestros límites

Tomado de:
http://www.eluniversal.com/2010/08/05/col10_esp_nuestros-limites_05A4303571.shtml
Oswaldo Alvarez Paz
En cuarto grado de primaria, Chávez no había nacido, aprendí los límites de Venezuela: al Norte, el mar de las Antillas; al Este, la Guayana Inglesa; al Sur, Brasil y Colombia y al Oeste, Colombia. Luego en 1966, ya graduado de abogado, el límite al este cambió, pasó a ser la República Cooperativa de Guyana, los demás no se alteraron.
Chávez anunció en un momento de delirio que Venezuela limita al Oeste con las FARC. En ninguna geografía colombiana se dice que Colombia limite al Este con las FARC, de lo que infiero que ese territorio de las FARC con el cual dice Chávez que limita la República Bolivariana, es parte del que fue de Venezuela.
¿Por qué cedimos ese territorio cuando la Constitución dice que es "derecho irrenunciable de la nación…la integridad territorial"?
¿Como entender la ruptura de relaciones diplomáticas si el señor Uribe se limitó a expresar que las FARC se encontraban en un cierto espacio que él seguía reconociendo como de Venezuela, a pesar de que Chávez dice no limitar al oeste con Colombia?
¿Si Chávez niega la presencia de las FARC en Venezuela, no obstante que dice limitar con ellas al Oeste y se produce un enfrentamiento con el Ejército colombiano, no habría que reconocer que ocurrió forzosamente en territorio colombiano y por lo tanto que no hay violación de soberanía?
¿Si Colombia desaloja a las FARC del territorio que ocupan, por definición colombiano, no sería lo natural que tome posesión del mismo, así eso conduzca a una modificación de la línea fronteriza que yo aprendí en cuarto grado?
¿Si Colombia desaloja a las FARC del territorio que ocupan y lo restituye a Venezuela no deberíamos más bien estar agradecidos, porque recuperamos el territorio en que se había asentado ese enclave?
¿Para las poblaciones venezolanas residentes de esas áreas sujetas a secuestros, peajes, ejercicio de autoridad y toda clase de abusos el desalojo de las FARC no sería parecido al de los nazis por parte de las Fuerzas Aliadas durante la Segunda Guerra Mundial?
OPaezPumar@MENPA.COM
Oswaldo Alvarez Paz
jueves, 10 de diciembre de 2009
La frontera: un concepto múltiple, una visión diversa.

http://lahistoriadeldia.wordpress.com/2009/11/25/la-frontera-un-concepto-multiple-una-vision-diversa/
Sergio Rodríguez Gelfenstein
Altercom*
“…Podríamos entonces adoptar un concepto moderno de frontera para lo cual «es pertinente destacar su contenido sociológico y económico, y expresar que constituye la concreción de una intensa relación y hasta una interdependencia en las diversas manifestaciones de la vida en sociedad, promovida y ejecutada por poblaciones asentadas a uno y otro lado del límite entre dos países»…”
Definir qué es una frontera ha devenido en una tarea bastante difícil en la modernidad.
La noción de frontera viene dada por la visión que de ella tenga quien pretende establecer un concepto adaptado y adaptable a lo que de él se espere. Sin embargo en cualquiera de sus acepciones la frontera debe considerar dos nociones: la linealidad y la zonalidad.
La primera dice relación con la necesidad del Estado de establecer un espacio de control soberano por lo cual esta noción tiene una connotación de carácter jurídico. La zonalidad, por su parte es un término que tiene que ver con una visión económica y social y con el ámbito en el cual se interrelacionan personas que desarrollan actividades de intercambio en materia económica, cultural, comercial y humana. En este proceso se van construyendo vínculos e intereses comunes que tienen un valor que va más allá de la ciudadanía de quienes habitan o transitan por estos territorios.
Podríamos entonces adoptar un concepto moderno de frontera para lo cual «es pertinente destacar su contenido sociológico y económico, y expresar que constituye la concreción de una intensa relación y hasta una interdependencia en las diversas manifestaciones de la vida en sociedad, promovida y ejecutada por poblaciones asentadas a uno y otro lado del límite entre dos países».
Por otro lado debemos considerar que la frontera es una realidad compleja, en la cual tienen presencia una multiplicidad de actores, que establecen relaciones dinámicas de variada índole, y que por lo tanto para determinar su espacio se debe considerar entre otros elementos su transitoriedad, la cotidianeidad de sus acciones, y la heterogeneidad de situaciones que en ella se constatan, por lo cual concluimos en que es un concepto en permanente evolución en el espacio y en el tiempo.
En el contexto internacional actual que se desarrolla en un proceso dual de integración y fragmentación, una de sus características más acentuadas es la interdependencia entre países y bloques económicos, las fronteras asumen una renovada importancia y prioridad, para cualquier país y bloque de integración, por lo menos en las siguientes tres dimensiones:
superación de los desequilibrios regionales del desarrollo,
afianzamiento de los procesos de cooperación e integración económica y
articulación con el contexto internacional.
En una concepción de las fronteras que reconoce como componente esencial de su definición la vigencia de una dinámica relación entre grupos humanos próximos geográficamente pero pertenecientes a dos Estados, existen distintas nociones para introducir una verdadera agenda de trabajo para las fronteras:
el desarrollo fronterizo,
la cooperación fronteriza y
la integración fronteriza.
Estos deberían ser los parámetros sobre los cuales se instale un funcionamiento positivo de la frontera.
Así es en Europa, no en América.
Con anterioridad expresé que uno de los fenómenos que cobran mayor presencia en la actualidad es la integración. Ello debería permitir avanzar hacia la desaparición o cuando menos la atenuación de las fronteras, sin embargo una condición para que esto se produzca es que se debe dar entre actores similares desde el punto de vista político, económico y social.
La integración europea que ya ha logrado implantar una ciudadanía, una moneda y fronteras comunes para todos sus ciudadanos se produjo gracias al esfuerzo económico de los más desarrollados en pro de superar las diferencias con los países económicamente más atrasados. Se han establecido pautas e indicadores que permiten a un país ingresar a la Unión Europea.
En esta medida la existencia de fronteras dice relación casi exclusivamente a un referente histórico para aquellos países que ya forman parte de la macro-soberanía europea.
En América no es así.
El proceso de integración más amplio que se pretende construir es el ALCA que además de tener sólo componentes de carácter económico se da entre actores asimétricos, sin que haya pautas para superar el profundo abismo entre las dos naciones desarrolladas del norte y el resto del continente en el cual decenas de millones de ciudadanos se debaten en la pobreza y la marginación. En este contexto el concepto de frontera cobra otro sentido, porque no se ve como un punto de encuentro entre iguales sino como punto de desencuentro entre diferentes.
El imperio siempre ha apostado a la guerra y la desintegración entre nuestros pueblos. Ha incentivado y promovido el conflicto para mantenernos desunidos y débiles. Muchos enfrentamientos fraticidas entre países de América Latina han tenido su origen en supuestos problemas por fronteras que hemos heredado de la Colonia.
Sólo la integración superará definitivamente estas hipótesis de guerra que aún persisten para los ejércitos de los países de nuestra región.
La integración europea permitió a Austria tener acceso nuevamente a Trieste en el Mar Adriático demanda ancestral jamás resuelta, la integración evitará en el futuro el eterno conflicto de Estrasburgo que cambió de soberanía muchas veces a través de la historia. Simbólicamente la Unión Europea ha instalado su parlamento en esa ciudad francesa.
Sólo la integración le dará acceso al mar a Bolivia, permitirá a Nicaragua y Costa Rica la navegación sin contratiempos por el Río San Juan, borrará la posibilidad de repetir la guerra hondureño-salvadoreña, la llamada «Guerra del Fútbol» y los enfrentamientos entre peruanos y ecuatorianos en la selva amazónica, se olvidarán los conflictos colombo-venezolanos y los chileno-argentinos, se archivará la reclamación de Venezuela sobre el Esequibo y la de Guatemala sobre Belice.
Esto permitirá a los ejércitos latinoamericanos y caribeños eliminar estas hipótesis de guerra contra los vecinos y podrán actuar de manera conjunta para la defensa de las fronteras externas, porque la integración no le devolverá a Cuba la soberanía sobre la Base de Guantánamo, ni sacará a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos de todas las bases que tiene en nuestro territorio.
Y sólo será posible cuando estemos unidos e integrados, lo cual evitará la necesidad de la presencia de bases militares extranjeras en todo el territorio de América Latina y el Caribe.
La agenda de seguridad que Estados Unidos le ha impuesto al mundo después del 11 de septiembre de 2001 una temática que prioriza la lucha contra el terrorismo, para sumarla al combate al narcotráfico y a la migración, entendida ésta como un fenómeno pernicioso.
Así, las fronteras se han «criminalizado» y la agenda de seguridad ha cubierto como un paraguas a todo el resto de interacciones que se produce en ellas, mermando, limitando y excluyendo otros temas que como dijimos al comienzo forman parte de la cotidianeidad de la vida de las comunidades fronterizas.
La migración es un fenómeno mundial, ocurre en Asia, ocurre en Europa y en América. Será el tema más trascendental de las relaciones internacionales del Siglo XXI y cuando éste finalice el mundo será diferente, habrá ocurrido la transformación civilizatoria más importante en los últimos 2500 años.
Las fronteras no existirán, al menos como ahora, Europa será un continente de negros y de musulmanes y Estados Unidos tendrá un número superior hispano parlantes respecto de los que hablan inglés, el catolicismo será su religión y los descendientes mestizos de Latinoamérica serán la mayoría.
Suponer que este proceso se va a detener cerrando las fronteras y construyendo muros es querer tapar el sol con un dedo.
ALTERCOM – Comunicación para la libertad
19 de julio de 2007
http://www.altercom.org/
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