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jueves, 7 de enero de 2010

La diplomacia de Rafael Caldera (La Guayana Esequiba)


Julio César Pineda

Sus enseñanzas y su testimonio son millardos de realizaciones que no podrán olvidarse.


Rafael Caldera pasa a la historia no solo por su testimonio político y el haber ejercido dos veces la Presidencia a la República (1969-1974 y 1994-1999), sino por haber sido un venezolano honesto y un intelectual en el campo del derecho, de la literatura y de las relaciones internacionales. Puede afirmarse que con Caldera se inició una nueva visión internacional desde y hacia Venezuela y un nuevo paradigma diplomático, con los principios de la Justicia Social Internacional, el pluralismo ideológico y político, la promoción continental de la democracia, la defensa de la soberanía y sus recursos naturales, la integración latinoamericana y caribeña.

Fue el primer Presidente en la Venezuela democrática, proveniente de un partido de oposición, desarrolló una política de pacificación que terminó con los movimientos guerrilleros, ejemplo que fue seguido en América Central.

En la política exterior de su primer periodo, permitió incorporar a Venezuela al mundo. Impulsó el recurso del petróleo como instrumento de desarrollo nacional y como centro de la diplomacia energética, tanto en la OPEP como en la necesaria cooperación con las economías no petroleras de América Latina, y abrió relaciones con Rusia y China, tendió la mano a la Cuba de Fidel Castro, así como propició el fortalecimiento de los países no alineados. Incorporó a Venezuela a la CAN y extendió los vínculos con el Caribe. Dejó de lado la doctrina Betancourt que había aislado internacionalmente a Venezuela, se aferró a la Constitución de 1961 en la defensa, consolidación y expansión del sistema democrático.

Consciente en la importancia del desarrollo en las fronteras impulsó los programas del Sur, hacia Brasil, y la atención a la larga línea de separación con Colombia. Trató de recuperar los 150.000 km perdidos con Guyana en el Laudo Arbitral de 1899, con el Protocolo de Puerto España, adelantó las negociaciones con Colombia en el problema de las aguas marinas y submarinas del Golfo de Venezuela.

Llegó por segunda vez a la Presidencia en febrero de 1994, luego de la crisis política y económica que determinó la salida del presidente Pérez en mayo de 1993. Prolongó en la diplomacia las grandes líneas estratégicas de su primer mandato, fortaleció los vínculos con los sistemas subregionales, especialmente con el recién creado Mercosur y el Caricom. Hubo cierto distanciamiento con Estados Unidos por el manejo del ALCA, y especialmente cuando el gobierno de Clinton vetó la candidatura venezolana del canciller Miguel Ángel Burelli Rivas a la OEA. Caldera privilegió una relación especial con Brasil, sin dejar de lado a México y Argentina. En el escenario mundial con la caída del Muro de Berlín, universalizó más su diplomacia, fortaleciendo vínculos con los nuevos estados de la Cortina de Hierro y con la creciente Unión Europea. Tomando el modelo de la construcción europea, en gran parte producto de la Democracia Cristiana de ese continente, buscó redimensionar la integración latinoamericana. Reafirmó en sus vínculos internacionales el carácter evolutivo de la democracia venezolana y la variable petrolera de nuestra economía. Frente a la apertura económica de Carlos Andrés Pérez y la crisis nacional, intentó Caldera con la "Agenda Venezuela" una nueva relación con el Sistema Financiero Mundial. Consciente del agotamiento del modelo democrático del Pacto de Punto Fijo y la necesidad de reorientar el proyecto nacional, insistió en la necesaria reforma constitucional de 1961 pero dentro de los parámetros que la propia Constitución establecía, y en la búsqueda de superar la democracia política hacia lo social. Fueron tiempos difíciles con la crisis financiera y la fuga de capitales, tuvo que devaluar la moneda y levantar el control de cambios, esto se complicó con la caída de los precios del petróleo y la crisis financiera y bursátil de América Latina. Caldera fue anfitrión de la Séptima Cumbre Iberoamericana en octubre de 1997 en Margarita, dentro del criterio de una relación especial con España y Portugal para la UE.

El 02 de febrero de 1999, se cerró la etapa presidencial de Caldera cuando entregó el poder al comandante Hugo Chávez, así empezaba una nueva etapa en la política nacional e internacional, con una Asamblea Nacional Constituyente y una nueva Constitución donde la diplomacia se iba a inscribir en el denominado "socialismo del siglo XXI".

Caldera fue el último presidente de la democracia sin calificativos ni condicionamientos, su política exterior y su diplomacia estuvo a la altura de las mejores cancillerías del continente. No solo nos dejó la palabra "millardo" que fue acogida por la Real Academia Española, sino que sus enseñanzas y su testimonio son millardos de realizaciones que no podrán olvidarse, las cuales germinarán en los nuevos tiempos por venir.

jcpineda01@gmail.com

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jueves, 24 de diciembre de 2009

Murió uno de los venezolanos más relevantes del siglo XX


Tomado de:
http://www.noticias24.com/actualidad/noticia/132331/murio-uno-de-los-venezolanos-mas-relevantes-del-siglo-xx-fotos/


Foto AP / Presidencia de la República.

El que fuera dos veces presidente de Venezuela y fundador del partido democristiano Copei, Rafael Caldera, considerado uno de los venezolanos más relevantes de la segunda mitad del siglo XX, falleció hoy a los 93 años de edad en Caracas, tras sufrir durante varios años la enfermedad de Parkinson.


Rafael Antonio Caldera Rodríguez nació en San Felipe, capital del estado noroccidental de Yaracuy, el 24 de enero de 1916.


Huérfano de madre a los dos años, fue criado por una tía materna. Cursó la primaria en una escuela local y el bachillerato con los jesuitas en Caracas.


En 1936 ocupó su primer cargo de importancia: la subdirección de la Oficina Nacional del Trabajo, por haber sido impulsor de la legislación obrera moderna en Venezuela, y el mismo año encabezó el grupo fundador de la cristiana Unión Nacional Estudiantil.


Se doctoró en Ciencias Políticas en 1939 y dos años después se casó con Alicia Pietri, matrimonio del que nacieron seis hijos, tres varones, de los que dos se han dedicado a la política, y tres mujeres.


Caldera compaginó la docencia universitaria con el activismo político, como líder de diversas agrupaciones y diputado por Yaracuy (1941-1944).


En 1946 fundó COPEI como un movimiento “con ideas cristianas y bases populares” y ese mismo año fue elegido para la Asamblea Constituyente (1946-1947).


Fue por vez primera candidato presidencial por COPEI en 1947, pero le ganó Rómulo Gallegos, de Acción Democrática (AD), el otro puntal de la política venezolana durante el último medio siglo.


El golpe militar de 1948 contra Gallegos colocó a Caldera en la oposición, donde seguía cuando en 1952 se instaló la dictadura personalista del coronel Marcos Pérez Jiménez, que le encarceló en 1957 cuando emergía como candidato de las fuerzas democráticas a las elecciones previstas para finales de ese año.


El derrumbe de la dictadura, el 23 de enero de 1958, sorprendió a Caldera en el exilio, del que retornó para sumarse a la construcción de la democracia junto a los líderes históricos de AD y de la desaparecida Unión Republicana Democrática, con quienes hizo el “Pacto de Punto de Fijo” que garantizó la gobernabilidad.


En las presidenciales de 1958 le ganó Rómulo Betancourt y en las de 1963, tras la ruptura de la coalición de gobierno AD-COPEI, Raúl Leoni.


Caldera fue copresidente de la comisión que redactó la Constitución promulgada en 1961, y presidente de la Cámara de Diputados de 1959 a 1962.


Con la consigna del “cambio” ganó la Presidencia al cuarto intento, en 1968, en unas reñidas elecciones que acabaron con la hegemonía de diez años de AD.


Caldera desarrolló su gestión bajo el signo del “nacionalismo democrático”.


Su política de pacificación permitió la incorporación a la vida democrática del Partido Comunista Venezolano y del Movimiento de Izquierda revolucionaria (MIR), en armas desde 1960.


En política exterior fomentó la “solidaridad pluralista” latinoamericana y la “justicia social internacional”, distendió las relaciones con la Cuba comunista, metió a Venezuela en el Pacto Andino, denunció el Tratado de Reciprocidad Comercial con Estados Unidos, mantuvo una presencia activa en el Caribe y estableció una moratoria para el arreglo de la disputa limítrofe con Guayana por el Esequibo.


Caldera entregó el mando en 1974 a Carlos Andrés Pérez, de AD, y cumplido el impedimento constitucional de diez años para volver a ser candidato, aspiró de nuevo a la presidencia por el COPEI en 1983, cuando fue derrotado por el “adeco” Jaime Lusinchi.


Su sexta carrera a la Presidencia fue truncada por sus discípulos en 1988. La estrella de Caldera pareció languidecer, pero en 1992, tras el primero de los dos intentos de golpe de Estado de ese año, emergió con un nuevo liderazgo.


Caldera constituyó una plataforma electoral heterogénea llamada Convergencia Nacional y ganó por segunda vez la Presidencia en diciembre de 1993.


Según los analistas, Caldera no logró responder a las expectativas creadas entre los escépticos venezolanos, lo que terminó de preparar el terreno para la llegada al poder del actual gobernante, Hugo Chávez.


Tras finalizar el segundo periodo, en febrero de 1999, entregó el poder a Chávez y se retiró de la vida pública.


Abogado, doctor en Ciencias Políticas, profesor universitario, escritor, articulista, ensayista, diputado, senador, jefe de Estado, caudillo político y padre de la democracia, Caldera fue un humanista internacionalmente reconocido con títulos y honores concedidos por más de veinticinco Universidades de América y Europa.


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