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jueves, 6 de marzo de 2014

VENEZUELA NACIÓ EN EL ZULIA

http://venelib-antao.blogspot.com/2014/03/venezuela-nacio-en-el-zulia.html

 Tomado de:



Por Carlos Alarico Gómez*

          El 24 de agosto de 1499 Alonso de Ojeda entró en la embocadura de un lago de grandes dimensiones y de exuberante hermosura al cual bautizó con el nombre de San Bartolomé por ser el onomástico de ese santo. Ojeda estaba acompañado de Juan de La Cosa y Américo Vespucio, con quienes viajó al Nuevo Mundo para conocer a los aborígenes, fundar poblados y analizar el potencial económico del lugar. Al penetrar en el lago pudo constatar que sobre una pequeña isla se encontraba un caserío al que los nativos llamaban Veneci-uela, nombre que fue registrado en el mapa que elaboró Juan de La Cosa en 1499 y en el libro Suma Geographica que escribió Martín Fernández de Enciso en 1502.


El misterio del nombre Venezuela


          Se ha repetido mucho que el nombre de nuestro país se debe al parecido que Alonso de Ojeda, Juan de La Cosa y Américo Vespucio le encontraron a los palafitos de Sinamaica con las viviendas de la ciudad de Venecia, aunque la sola idea es absurda de por sí. La única similitud entre ambos poblados es que algunas casas venecianas están construidas sobre el agua, aun cuando su arquitectura es absolutamente disímil. La verdad hay que encontrarla en la Suma Geographica, obra original de Martín Fernández de Enciso, que fue el primer libro impreso en el que se habla del Nuevo Mundo y que recibió el privilegio del rey Carlos I el 5 de septiembre de 1518, lo que permitió que fuera editado en Sevilla un año después.

            Fernández de Enciso conoció a Juan de La Cosa y Alonso de Ojeda en 1502 y viajó con ellos hasta 1510, recorriendo el Lago de Maracaibo de punta a punta. En su obra refiere que "...cerca de la tierra está una peña grande que es llana encima della. Y encima della está un lugar o casas de indios que se llama Veneci-uela… en Veneciuela es la gente bien dispuesta y hay más gentiles que no en otras partes de las de aquella tierra"(1)


                                 Los viajeros

Alonso de Ojeda nació en Cuenca, España, en 1468 (circa). Logró obtener una Capitulación con los reyes Católicos en 1499 y ese mismo año zarpó con cuatro naves en compañía de unos doscientos hombres, entre los cuales se hallaban Américo Vespucio y Juan de la Cosa, con quienes se había asociado para realizar un viaje sin vinculación alguna con las capitulaciones que los reyes firmaron en Santa Fe con Cristóbal Colón. Ojeda era un militar valeroso y un experimentado navegante, quien probó su audacia en el tiempo en que le tocó actuar en el territorio del nuevo Mundo. En este viaje lo acompañó Juan de la Cosa,[] nacido en 1450 (c.) en Cantabria, España, quien tuvo un papel destacado como financista y maestre de la nao Santa María, que condujo a Colón y sus hombres al Nuevo Mundo en 1492. Un año después participó en el segundo viaje y en 1499 se asoció con Alonso de Ojeda para efectuar una expedición hacia las tierras descubiertas, a la que se unió el italiano Américo Vespucio, nacido en Florencia el año 1454, quien se encontraba en España enviado por la Casa Médici  para trabajar en la construcción de  barcos  a la orden del armador Giannotto Berardi. Los Médici veían en la hazaña de Colón una estupenda oportunidad para ampliar sus negocios y estaban deseosos de incorporarse al descubrimiento. Al morir Berardi en 1496 Vespucio asumió la dirección de la empresa y fue él quien tomó la iniciativa de unirse al proyecto de Ojeda con carácter de socio. Los tres viajeros llegaron al territorio de Sinamaica el 24 de agosto de 1499, causando una lógica intranquilidad en los indios paraujanos, pues los recién llegados eran gente extraña, de piel blanca y ojos claros, que hablaban en un lenguaje incomprensible(2).

La palabra Venezuela

             Al llegar al nuevo territorio comenzaron a averiguar el nombre de los lugares por donde pasaban y Juan de La Cosa tuvo la responsabilidad de colocarlos en su mapa, adaptándolos a la fonética castellana. El nombre Veneci-uela aparece impreso por primera vez en el Mapamundi que elaboró de La Cosa (1499) y que escribió de acuerdo a su fonética. A este aspecto se refirió el padre Giovanni Bottero  en su obra Relaciones Universales del Mundo (1595), al igual que el padre Antonio Vázquez de Espinosa en su libro Compendio y Descripción de las Indias Occidentales (1629),  en el cual coinciden en señalar que la palabra tiene un origen añú. El vocablo Venezziola resulta extraño en lengua italiana. Una expresión aceptable sería la de Piccola Venezia  cuya traducción es “pequeña Venecia” y nunca Venezuela. Por lo tanto, si eso fuera cierto los venezolanos se llamarían hoy día pequeñovenecianos o hilando más fino serían denominados “neovenecianos”. ¿Pero de dónde sale el gentilicio venezolano? Toda la documentación existente y de fuente inobjetable conduce a la conclusión de que el nombre de nuestro país se origina en la lengua de los paraujanos (familia arawac) y quiere decir agua-grande.

 La confusión se fundamenta en una carta que Vespucio dirige a la Casa Médici el 18 de julio de 1500 para informar lo acontecido durante su viaje al Nuevo Mundo. En la carta dice que “Trovammo una grandissima popolazione che tenevano le lor case fondate nel mare come Venezia…"(3) Es decir, habían encontrado una población grande que tenían sus casas sobre el agua como en Venecia. Lo primero que hay que decir es que Ojeda y sus acompañantes habían estado en el Delta Amacuro antes de viajar al lago hoy llamado de Maracaibo y en el Delta los indios vivían en palafitos. El segundo aspecto a considerar es la aseveración de Vespucio de que encontraron una población grande, aunque en la misma carta expresa que “Fumo a terra in un porro e trovammo una popolazione fondata sopra l’acqua come Venezia; erano circa 44 case”. Si el caserío tenía cuarenta y cuatro casas, ¿cómo es posible que Vespucio la calificara de grande? Analizando el problema con todo cuidado es fácil llegar a la conclusión de que Vespucio estaba tratando de justificarle a la Casa Médici los enormes gastos efectuados en el viaje(4).

             Sobre este aspecto es necesario destacar que la costumbre de los conquistadores era usar los nombres que los locales le daban a los lugares que habitaban, a los que adaptaban fonéticamente de acuerdo a las normas del idioma castellano. Ejemplo de ello se puede constatar en los nombres que le dieron a Barquisimeto (Variciquimeto), Caracas (Caraca), Mar Caribe (Caribe), Teques (Teque), La Guaira (Uaira), Maracay, Mucuchíes, Capacho, Lobatera y tantos otros. Sólo usaban nombre hispánicos cuando fundaban un poblado (Mérida, San Cristóbal, Angostura). El nombre Maracaibo se debe posiblemente al cacique Mara, que gobernaba en la zona, el cual fue vencido por Ambrosio Alfínger -el primer gobernador de la Provincia de Venezuela-, quien admirado por el valor demostrado por el jefe indígena durante la guerra que sostuvieron le dio el nombre de Villa de Maracaibo a la población que fundó el 8 de septiembre de 1529.

          Eso hace pensar que le dejaron el nombre de Veneci-Uela al caserío que encontraron y que de La Cosa inmortalizó en el mapa que elaboró en Sinamaica en 1499 y que completó en España en 1500, de acuerdo a la referencia que el autor colocó sobre el dibujo: “Juan de la Cosa la fizo en el puerto de Santa María en el año de 1500"(5). La autenticidad del mapa fue establecida en 1987 por el “Gabinete de Documentación Técnica del Museo del Prado” y en la actualidad se puede admirar en el Museo Naval de Madrid. Es por tanto el documento más antiguo del Nuevo Mundo y en él se menciona el nombre de un caserío llamado Veneci-uela, que es el más probable antecedente del nombre de nuestro país. 



La integración cultural
            Lo más importante de este suceso es sin duda la integración cultural que se inició en el territorio de lo que hoy es Venezuela desde el momento en que Colón llegó a Macuro el 3 de agosto de 1498, de lo que dejó constancia en la carta-informe que le envió a la reina Isabel, en la que le dice que encontró “las tierras más fermosas del mundo...Llegué allí una mañana, antes del mediodía, y por ver este verdor y esta fermosura acordé fondear y ver los pobladores, de los cuales algunos vinieron en canoa a rogarme, de parte de su rey, que descendiera a tierra..."(6).  El almirante encontró todo placentero, le agradó la gente y le gustó tanto el paisaje que llegó a pensar que se encontraba en el paraíso: ...Al lago que hallé, tan grande que más se le puede llamar mar que lago, porque lago es lugar de agua y en siendo grande se le llama mar, por lo que se llama de esta manera el de Galilea y el Mar Muerto. Y digo que si esto no procede del Paraíso Terrenal, viene y procede de tierra infinita...más yo muy asentado tengo en mi ánima que allí en donde dije tierra de gracia se halla el Paraíso Terrenal..."(7).
El proceso de transculturación que se vivió en este territorio dio origen a nuestro mestizaje, al que se refiere ampliamente Bolívar en la Carta de Jamaica (1815)(8). La tradición mestiza de la región zuliana es sin duda las más antigua que existe en el país, en la que se observan elementos arawacos, ibéricos y africanos. La música con que bailaban el “areito” se convirtió en gaita, mientras que en la región de Bobures surgió un estilo musical para animar el “Baile de San Benito”. En el Zulia están los orígenes más profundos de nuestro mestizaje. Es el corazón mismo de la venezolanidad. 

En Paraguaná
            Muy cerca del lago donde se encontraba Veneci-Uela estaba Paraguaná, península de gran hermosura, a la cual llegó Alonso de Ojeda a finales de agosto de 1499, encontrando la tribu de los caquetíos integrada por indios amistosos que se ocupaban de comerciar con la vecina isla de Curazao. Ojeda se quedó tan prendado de esa tierra, así como de sus costumbres, que allí conoció a la india Guariyá, de la cual se enamoró y con la que más tarde se casó, una vez que ella aceptó recibir el bautismo y cambiar su nombre por el de Isabel. De esa unión nacieron tres hijos que Ojeda llevó a España junto con su esposa para darlos a conocer a sus familiares y a la Corte. Fue sin duda un gran amor. Se quisieron tanto que Isabel no quiso seguir viviendo cuando se produjo el fallecimiento de Ojeda en Santo Domingo en 1515 y, sin  que sus hijos lo supieran, se fue a la Catedral y se acostó sobre la loza de su tumba, donde fue hallada muerta. Allí reposaron hasta 1982 los restos de esos dos grandes amantes, que dieron inicio a la integración étnica que hoy predomina en nuestro país(9).

La Provincia de Venezuela
Poco tiempo después de la muerte de Alonso de Ojeda y de su amada Guariyá (Isabel), el rey Carlos I emitió una real cédula el 27 de marzo de 1528, mediante la cual declaraba constituida la Provincia de Venezuela en el territorio que se encuentra entre "...el Cabo de La Vela o del fin de los límites y términos de la dicha Gobernación de Santa Marta hasta Maracapana, leste oeste norte y sur de la una mar a  la otra, con todas las islas que están la dicha costa, ecebtadas las que están encomendadas y tiene a su cargo el factor Juan de Ampíes". Es decir, dio el nombre de Venezuela a la nueva provincia española, sin duda inspirado por Fernández de Enciso, quien lo conoció en 1518 y le explicó la existencia de Veneci-uela, cuyo nombre aparece en su libro y en el mapa de Juan de La Cosa. Coro, la tierra del cacique Manaure, había sido fundada  por Ampíes el 26 de julio de 1527 y sirvió de capital a la Provincia de Venezuela, con lo que se dio inicio al gentilicio.

Después de Ampíes
         Después de iniciarse la Conquista del territorio de la Provincia de Venezuela en 1528 por los alemanes de la Casa Welser varios investigadores dejaron plasmada en sus obras la explicación del nombre Venezuela. El primero de ellos fue el prelado italiano Giovanni Bottero quien viajó por el Lago de Maracaibo y la costa caribeña en el siglo XVI. Su experiencia le permitió escribir su libro Relaciones Universales del Mundo (1595) donde dice que “En el golfo de Venezuela hay una población de indios con ese nombre edificada en un peñasco essempto y relevado que se muestra sobre las aguas"(10) Fernández de Enciso había escrito noventa y tres años antes que"...cerca de la tierra está una peña grande que es llana encima della. Y encima della está en un lugar o casas de indios que se llama Veneci-uela"(11). En ambos casos los cronistas dicen que existe un poblado indígena llamado Veneci-uela.
              Más adelante, el sacerdote español Antonio Vázquez de Espinosa viajó por casi todo el continente en el último tercio del siglo XVI y reafirmó la autoctonía del vocablo, de lo que dejó constancia en su Compendio y descripción de las Indias Occidentales fechado en 1629, expresando que: "Venezuela en la lengua natural de aquella tierra quiere decir agua grande, por la gran laguna de Maracaibo que tiene en su distrito, como quien dice, la Provincia de la grande laguna..."(12).


El autor de Suma Geographica
Fernández de Enciso tuvo la oportunidad de visitar el Zulia (nombre de la planta palometa en idioma Chibcha) en 1502 y de trabajar al lado de Ojeda, con el cual se asoció. En ese entonces entró en contacto con Juan de la Cosa, quien le mostró su mapa y le explicó los detalles del viaje de 1499 cuando asistió al descubrimiento del Lago de San Bartolomé(13). (Maracaibo) acompañando a Ojeda y Vespucio. Con esos datos -y el conocimiento que obtuvo durante los años que viajó por el Lago- pudo escribir su libro Suma Geographica, publicado en 1519 con autorización escrita del rey Carlos I en la que dice: “El cual dicho libro fue traído al mi Consejo y visto y examinado por ellos, y porque parece ser útil y provechoso túvelo por bien; y por la presente doy licencia y facultad para que vos, o quien vuestro poder hobiere, podáis imprimir el dicho libro y esfera y lo vender"(14).
La lectura que hizo el rey del libro de Fernández de Enciso y el hecho de que éste se encontrara trabajando en la Corte tiene que haber influido en la Real Cédula que decretó la creación de la Provincia de Venezuela en 1528. Adicionalmente, el autor era el único que estaba cerca del rey en ese trascendental momento. Los otros protagonistas habían culminado sus días: Juan de la Cosa en 1510 cerca de la costa de Cartagena, luchando contra los indios yucpas; Vespucio en Sevilla en 1512 y Ojeda en Santo Domingo en 1515. Por lo tanto, fue el único que pudo haber influido en el nombre que el monarca le dio a la nueva provincia: Venezuela.
Esta versión es historiográficamente demostrable, además de consistente con la política que al respecto seguían los conquistadores para bautizar los lugares descubiertos o fundados. Lo de pequeña Venecia, en cambio, es una tesis peregrina, surgida de comentarios intrascendentes que Vespucio le escribió a los Médici en la carta que fechó en Sevilla el 18 de julio de 1500. En consecuencia, se debe concluir que el topónimo Venezuela es autóctono y sobre eso no debe haber la menor duda. 


La posteridad al fundador Alonso de Ojeda
Los restos de Alonso de Ojeda fueron trasladados a Venezuela en 1982 por iniciativa del Gobierno de Luis Herrera Campins, misión que le fue encomendada al padre Fernando Campo del Pozo, párroco de Ciudad Ojeda, población fundada por Eleazar López Contreras en 1939. Al llegar a su destino final fueron colocadas en un cofre y en un acto público por el obispo del Zulia, monseñor Marco Tulio Ramírez Roa, quien las bendijo con agua del Lago y las depositó en el nicho que a tal efecto había sido preparado en la Catedral de Ciudad Ojeda(15).









[1] Fernández de Enciso, Suma de Geographia (1519). Madrid: Museo Naval, p. 221
[2] Descubrimiento del Lago de Maracaibo (1949),  por Hno. Nectario María. Caracas: Tip. Vargas, p. 3
[3] La carta está dirigida a Lorenzo de Médici, que había muerto el 9 de abril de 1492. Esto indica que es falsa o que fue enviada realmente a la Casa Médici, para entonces dirigida por los hermanos Piero y Giuliano Médici. El autor se inclina por la segunda hipótesis, pero deja constancia de que muchos historiadores estiman que la carta fue manipulada por el propio Vespucio.
[4] Ibidem
[5], Ibidem. p. 65
[6] Colón, Cristóbal (1498). Carta a la reina Isabel I. Academia de la Historia, Madrid. Consultada por el autor en 2008.
[7] Ibidem.
[8] Bolívar, Simón (1815). Obras Completas. México, Edit. Cumbre (1976). Tomo III, p. 184-188.
[9] Hno. Nectario María, op. cit., p. 32
[10] Bottero, Giovanni. Relazioni Universali (1595).
[11] Vázquez de Espinosa, Antonio (1629). Compendio y descripción de las Indias Occidentales.
 Washington (1948): Smithsonian Institute, p.93
[12] Fernández de Enciso, op. cit., p. 221
[13] El Lago de Maracaibo era llamado Coquibacoa  por los indígenas. Alonso de Ojeda le dio el nombre de San Bartolomé, por coincidir la fecha en la que lo descubrió con el día de ese Santo. Al avanzar la conquista se le dio el  nombre definitivo de Maracaibo.
[14] Fernández de Enciso, op. cit., p. 65
[15] Los restos de Ojeda fueron trasladados en 1892 al Convento Dominico (Revista Letras y Ciencias Nº 10, julio de 1982, Santo Domingo) debido a que la catedral de San Francisco estaba en ruinas. En 1942 la referida catedral fue restaurada y los restos regresaron a su lugar de origen (Boletín del Archivo General de la Nación, octubre de 1942, República Dominicana). En diciembre de 1981 fueron entregados al párroco Campo del Pozo por gestiones de la Cancillería venezolana y trasladados a Venezuela, donde fueron sepultados en la iglesia catedral de Ciudad Ojeda en febrero de 1982. Lamentablemente los restos de Guariyá no fueron traídos y permanecen en Santo Domingo. 



* historiador, periodista y profesor universitario. Es autor de más de 30 publicaciones, entre las que destacan: Miranda Periodista, El Bloqueo de 1902 y El origen del Estado democrático en Venezuela.

lunes, 11 de junio de 2012

Soberanía (Zona en Reclamación – La Guayana Esequiba)

http://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/7451949.asphttp://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/7451949.asp
Mapa Oficial de la República Bolivariana de Venezuela 


Tomado de:

Germán Gil Rico

Domingo, 10 de junio de 2012

Los gobiernos totalitarios ven con muy malos ojos a quienes vigilan su comportamiento en relación con los derechos humanos

   Foto: EFE

Los gobiernos totalitarios ven con muy malos ojos a quienes vigilan su comportamiento en relación con los derechos humanos. Y es natural, porque es a organismos como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) donde los ciudadanos acuden en demanda de la restitución de los derechos que les han sido violados y que no tienen respuesta en sus países.

También es usual en gobiernos autoritarios escudarse tras la soberanía nacional, como si la inviolabilidad de esa condición equivaliera a impunidad de los delitos de violación de los derechos consagrados en los tratados internacionales.

Por eso los gobiernos de la ALBA arremeten contra la CIDH. Contra la propia OEA. Porque la feligresía marxista-leninista reclama airada el respeto al libre juego democrático cuando no han asaltado el gobierno; pero una vez que lo atrapan violan todo lo inviolable y empeñan batalla por la destrucción de los organismos facultados para condenar sus tropelías. Cuando no logran su cometido se retiran de él, en clara acción de chantaje, para negarse a regresar cuando de rodillas se lo imploren. El gobierno cubano así lo hizo luego de ser readmitido con la única condición de acogerse a la Carta Democrática. No se reincorporó. Nada sorprendente. Es el doble discurso de quienes adhieren esa secta.

El objetivo de los gobiernos de la ALBA ha sido la liquidación de la CIDH, paso indispensable para desaparecer la OEA, meta afortunadamente no alcanzada a pesar del silencio cobarde de gobiernos ajenos al comunismo. El orgullo herido les exigía buscar consenso para una proposición. Se les encendió el bombillo y, luego de parlotear sandeces, propusieron instrumentar un programa para garantizar la SOBERANÍA ALIMENTARIA. Bien por la repentina preocupación. Sólo que ese estadio se logra con trabajo tesonero en función de la realización de programas de desarrollo integral de la sociedad y los cófrades del marxismo-leninismo nunca han trabajado.

La Venezuela anterior a la del Socialismo de Siglo XXI que la está llevando a la ruina económica con angustiante quiebra social y moral, transitaba con paso firme por caminos seguros y superando sus errores, apegada a programas viables y económicamente sustentables, concebidos en razón del ser humano, sujeto y objeto del desarrollo, no anduvo proclamando con voces destempladas su condición soberana. Se dedicó a construirla. Allí están la nacionalización del petróleo y del hierro, las  134  universidades creadas, los más de 15 mil planteles desde preescolar hasta bachillerato, las becas Gran Mariscal de Ayacucho,  la Orquesta Juvenil Simón Bolívar, los 70.747 kilómetros de carreteras, los 75 embalses, entre ellos el Guri, generadoras de energía eléctrica y las 255.500 hectáreas bajo regadío, el emporio metalúrgico de Guayana, la construcción de silos en todos los centros agrícolas, la extensión de la frontera verde en 9 millones de hectáreas que hicieron posible el autoabastecimiento en productos alimentarios Además los puentes, las avenidas construidas en Caracas y en las ciudades principales, junto con vivienda para trabajadores por señalar “un algo” forman entre la extensa obra física y humanística de la democracia. La denuncia del tratado que despojó a Venezuela del Esequibo y la defensa del espacio marítimo del Golfo de Maracaibo, previa captura del archipiélago Los Monjes, gritan SOBERANÍA.

Pero los poderes fácticos querían conducir el aparato del Estado. Conspiraron con militares para derrocar el gobierno democrático. Apoyaron, “con todos los hierros”, al golpista del 04-02-1992 para que ganara la presidencia. Como reza la expresión popular “el gato les salió mal capao”. Están pagando y haciéndonos pagar sus desmesuras y deslealtad.

Sin embargo, debemos celebrar la fortaleza de los 40 años de democracia social arraigada en el sentimiento del venezolano. Es  la muralla con la cual ha topado el castro-chavismo en su despropósito dictatorialista. Los revolcones sufridos por la sociedad a partir de Enero de 1999, el levantarse cada vez, forjó una acerada camada de líderes. La juventud universitaria y los trabajadores no contaminados por el chavismo cogieron la calle; los partidos tradicionales, las organizaciones vecinales y los movimientos políticos de novedosa factura abrazaron la unidad y ocuparon el puesto de lucha exigido por la República en situación calamitosa.

De esa conjunción de voluntades emergió un madrinero, un líder. Henrique Capriles Radonski camina de pueblo en pueblo y visita casa por casa llevando el mensaje de esperanza envuelto en un programa realizable y convocando a la gente para que lo acompañen a transitar por el camino del progreso que comienza el 07 de Octubre en la urna de votación.     

1994 Guayana Esequiba - Zona en Reclamación MARNR Servicio Autónomo  de Geografía y Cartografía Nacional 3 Edición

Nota del editor del blog: Al referenciarse a la República Cooperativa de Guyana se deben de tener en cuenta los 159.500Km2, de territorios ubicados al oeste del río Esequibo conocidos con el nombre de Guayana Esequiba o Zona en Reclamación sujetos al Acuerdo de Ginebra del 17 de febrero de 1966.

Territorios estos sobre los cuales el gobierno Venezolano en representación de la Nación venezolana se reservo sus derechos sobre los territorios de la Guayana Esequiba en su nota del 26 de mayo de 1966 al reconocerse al nuevo Estado de Guyana .
“...por lo tanto, Venezuela reconoce como territorio del nuevo Estado, el que se sitúa al este de la margen derecha del río Esequibo y reitera ante la comunidad internacional, que se reserva expresamente sus derechos de soberanía territorial sobre la zona que se encuentra en la margen izquierda del precitado río; en consecuencia, el territorio de la Guayana Esequiba sobre el cual Venezuela se reserva expresamente sus derechos soberanos, limita al Este con el nuevo Estado de Guyana, a través de la línea del río Esequibo, tomando éste desde su nacimiento hasta su desembocadura en el Océano Atlántico...”


 Mapa que señala el Espacio de Soberanía Marítima Venezolana que se reserva, como Mar Territorial mediante el Decreto Presidencial No 1152 del 09 de Julio de 1968.

jueves, 9 de septiembre de 2010

La llegada de los Capuchinos (línea Esequiba)




Tomado de

http://www.correodelcaroni.com/content/view/161381/107/

Santa Elena de Uairén es el pueblo fronterizo más importante de la Guayana. Su gestación data de 1931, cinco años antes de la caída del régimen gomecista.

Los primeros ranchos fueron levantados por el explorador Lucas Fernández Peña y los padres capuchinos Nicolás de Carmenes, Fray Gabino de San Román y Maximino de Castrillo, fundador de las iglesias de El Callao y El Palmar. Estos misioneros llegaron allí la tarde del 28 de abril de 1931 después de muchos días de camino, venciendo los elementos de la selva, de la lluvia, de los ríos y hasta el hostigamiento de los propios indios que tenían como misión civilizar, venezolanizar y evangelizar.

La distante y aislada zona fronteriza de la Guayana venezolana estaba entonces ocupada por grupos ingleses de la religión adventista que enarbolaban en sus chozas las enseñas de su patria. Acaso fue esta ocupación pacífica de los adventistas foráneos lo que indujo al gobierno de Juan Vicente Gómez a firmar un convenio con los padres Capuchinos para instalar en la Gran Sabana dos centros misioneros: el de Santa Elena de Uairén y el de Luepa que posteriormente fue transferido a Kavanayén.

Efectivamente, el establecimiento de esos dos centros misioneros y la Insectoría de Fronteras a cargo del upatense Rafael Montes de Oca y el valenciano Lucas Fernández Peña hicieron posible que se replegaran los grupos catequistas ingleses hacia zonas más distantes de las que son hoy nuestras fronteras.

Venezuela que hacía 32 años había perdido por efectos de un laudo arbitral espurio todo el territorio de la parte occidental del río Esequibo, nada o poco había hecho por reafirmar con la presencia del venezolano su soberanía en aquella inmensa selva que el laudo arbitral del 3 de octubre de 1899 le limitaba desde Punta Playa, a varias millas de la desembocadura del Orinoco, hasta las fuentes del río Corentín.

Posiblemente el venezolano estaba allí, el indio Pemón, pero nada sabía de fronteras ni de leyes distintas a las propias. Por eso no bastaba con llevar al hombre del campo y de la ciudad hasta la frontera, sino que había que educar al nativo y formarle conciencia de patria. Esa era la labor de los misioneros, además de la propia concerniente a su teología, venezolanizar al Pemón que estaba siendo atraído por los grupos ingleses de la religión adventista.

Santa Elena nació con el nombre de la madre de Constantino El Grande, impulsor del cristianismo y también con el nombre de la primera hija de Fernández Peña. Nació como todos los pueblos españoles de Guayana, con un puñado de chozas circundando la iglesia, que al principio en Santa Elena fue de bahareque y palma y ahora de piedra sobre piedra, siguiendo el estilo gótico simplificado creado por el Padre Diego de Valdearena, quien estuvo 36 años en Santa Elena.

La bella y atractiva iglesia donde los católicos veneran a Santa Elena rescatadora de la cruz de Cristo, la iniciaron los capuchinos en el año 1949. También construyeron el edificio parroquial y el internado donde se ha educado y formado toda la comunidad Pemón. Tiene capacidad para cien internos entre varones y hembras.

Santa Elena de Uairén es la cabecera del municipio Gran Sabana. Está ubicada debajo del paralelo cinco, a 550 kilómetros en dirección sureste de Ciudad Bolívar, a 15 kilómetros de la línea fronteriza con Brasil y a unos 80 de la zona de reclamación a la Guayana Inglesa.

A ella se llega utilizando la ruta aérea o una carretera de 240 kilómetros construida desde El Dorado. Su población de unos diez mil habitantes disfruta de un clima que oscila entre los 19 y 30 grados centígrados.

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Terminología sobre cómo Referenciar a la Guayana Esequiba o Zona en Reclamación ...http://www.laguayanaesequiba.org/detalle.php?cid=56&id=71