viernes, 3 de julio de 2015

yanomamis








Domingo 05 de abril del 2015 | 10:54

Investigadores tomaron muestras en los años entre 1960-1970 y la llevaron a Estados Unidos sin permiso de los jefes de la tribu.
Sangre de indígenas de la tribu yanomami de la Amazonia brasileña, extraída sin autorización por investigadores estadounidenses en los años 1960-70, acaba de ser devuelta a esta comunidad y fue enterrada en una localidad del norte de Brasil para honrar a los ancestros.

Un video difundido el domingo en el sitio G1 del grupo Globo muestra pasajes del ritual en el que los yanomamis —engalanados con plumas y pinturas corporales pero con guantes de látex— vierten la sangre de 2,693 frascos en un agujero cavado al pie de un pilar de su gran choza colectiva, la “yanoa”, donde viven más de 120 de estos indígenas en la frontera de Brasil y Venezuela.

La ceremonia, que duró algo más de tres horas, según G1, tuvo lugar el viernes en la retirada aldea de Piau, a una hora y media en avión de Boa Vista, la capital del estado de Roraima.

Había que rendirle homenaje a aquellos ancestros a los que se les extrajo sangre “sin el consentimiento” de los jefes yanomami de la época, explicó a G1 el chamán Davi Kopenawa, célebre portavoz de los yanomami. Treinta de esas personas, entre ellas el propio Kopenawa, están aún vivas, y quince estuvieron presentes en el ritual.
La sangre llegó de Estados Unidos el 26 de marzo tras un acuerdo entre la Universidad de Pensilvania, autoridades judiciales brasileñas y el Secretariado Brasileño de Cooperación Internacional.

Los yanomamis solicitaron en 2002 la devolución de la sangre al fiscal del estado de Roraima, fronterizo con Venezuela, país en el que un antropólogo y un genetista estadounidenses también extrajeron sangre a indígenas sin autorización.

Durante el mencionado ritual, los yanomamis lloraron en privado, explicó Davi Kopenawa. Los invitados —representantes de la justicia y del gobierno brasileños— pudieron asistir luego a la ceremonia en la que los “Pagés” (jefes espirituales aborígenes) inhalaron en una larga cerbatana el “yakoana”, un polvo elaborado con la savia de un árbol que permite entrar en contacto con los espíritus.

La vicefiscal general de la República, Deborah Duprat, consideró que fue “una victoria de los yanomamis, cuya lucha por repatriar la sangre ha sido infatigable”.