martes, 14 de julio de 2015

Monseñor Erwin Kraütler denuncia una campaña anti-indigena del estado brasileño



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17.04.15 | 04:04. Archivado en Misión, Iglesia en Brasil
La lucha de Monseñor Erwin Kraütler por defender a los pueblos indígenas ha acompañado su vida como misionero en la prelatura del Xingú durante 50 años, los últimos 35 como obispo. Presidente del CIMI (Consejo Indigenista Misionero, por sus siglas en portugués) durante 16 años, su voz profética ha resonado en todos los rincones de este inmenso país llamado Brasil y desde ahí ha sido lanzada a todo el mundo.

Las consecuencias de ese compromiso profético y de su pasión por las causas amazónicas son las constantes amenazas de muerte que sufre desde hace varios años y que ya llevaron a la muerte a algunos de sus colaboradores más directos colaboradores, la más conocida la Hermana Dorothy Stang, asesinada en febrero de 2005.

El compromiso y conocimiento de Monseñor Kraütler en lo que hace referencia a los pueblos indígenas y la preservación de la Amazonia es tan grande, que él es uno de los peritos consultados por el Papa Francisco en la elaboración de su próxima encíclica sobre ecología.

Una vez más, en la rueda de prensa del segundo día de la 53ª Asamblea General de la CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, por sus siglas en portugués), el obispo del Xingú ha denunciado la situación de sufrimiento por la que la región amazónica y los que la habitan están pasando, llegando a afirmar la existencia de una campaña anti-indígena por parte del estado brasileño, que en los últimos años prácticamente no ha demarcado ninguna tierra indígena.

En su recorrido como presidente y miembro del CIMI ha recordado los cambios que se han ido produciendo a lo largo de los últimos 30 años en la relación entre los pueblos indígenas y el estado brasileño, haciendo memoria de la situación de alianza en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas en los años ochenta, lo que colocó a Brasil en el primer lugar en lo que hace referencia a la defensa de la causa indígena y que fue concretizado en una constitución que defiende los derechos de los pueblos indígenas y en una disposición que promulgaba la demarcación de las tierras indígenas en un periodo de 5 años.

Pero hoy la realidad es totalmente diferente, fruto de la aparición de lo que denomina de fuerzas organizadas anti-indígenas, que están luchando contra los enunciados de la Constitución, la cual quieren cambiar a partir del Proyecto de Enmienda Constitucional 215, que defiende que la demarcación de tierras indígenas precisa del aval del poder legislativo, en el que cada vez están más presentes los representantes de los grandes terratenientes, enemigos declarados de los pueblos indígenas y financiadores de las campañas políticas de los diputados y senadores que promulgan leyes en beneficio de sus mecenas.

Todo esto, en opinión de Monseñor Kraütler, coloca en jaque la Constitución brasileña y el buen nombre del país en términos de defensa de los pueblos indígenas dentro del concierto internacional. De hecho, la no demarcación de los territorios indígenas deja abiertas las puertas para cualquier tipo de invasión y no va a acabar con la violencia que sufren los pueblos indígenas brasileños por parte de aquellos que pretenden expulsarlos de sus tierras ancestrales, provocando que no tengan cómo sobrevivir.

El prelado denuncia que la Amazonia está siendo más codiciada que nunca, en vista de los recursos minerales, madereros, agrícolas y energéticos, en función de lo que es llamado de “interés nacional”, aunque Don Erwin Kraütler defiende que ese interés es en verdad de unos pocos en detrimento de los pueblos que allí vive. Denuncia que los proyectos que hacen referencia a la Amazonia son decididos en Brasilia, volviéndose estas decisiones inconstitucionales, pues la Carta Magna señala que los pueblos indígenas deben ser consultados en los proyectos que interfieren en sus áreas territoriales.

Por último señala que es obligación de la Iglesia colocar el dedo en la herida y defender los derechos humanos y la dignidad de la multitud de desalojados en consecuencia de la construcción del mega-proyecto de Belo Monte, en la ciudad de Altamira, que va a transformar la vida de buena parte de la población del interior del estado de Pará y que desde el inicio encontró una fuerte contestación por parte de los movimientos sociales y la propia Iglesia católica.