martes, 16 de diciembre de 2014

“La relación con Chile está desestabilizada desde 1879”

Tomado de:

Excanciller Javier Murillo de la Rocha

Si La Haya da la razón a Bolivia, “estaríamos ante un escenario idéntico al de Charaña en 1975”.
domingo, 14 de diciembre de 2014


Fotos Freddy Barragán / Página Siete. Juan Carlos Salazar, directorde Página Siete;Javier Murillo e Isabel Mercado, subdirectora.

El excanciller Javier Murillo de la Rocha resta importancia al reciente intercambio de críticas y acusaciones entre funcionarios chilenos y bolivianos a propósito de la demanda marítima planteada por Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ).
 
"En procesos tan sensibles y delicados como el que estamos  llevando ante La Haya, suele ocurrir que se enrarece el ambiente”, dijo, al tiempo de señalar que este tipo de situaciones no influye   "en lo absoluto” en el criterio de los magistrados de la Corte.

Murillo de la Rocha rechazó también que Bolivia esté "desestabilizando” la relación bilateral, como sostuvo el canciller chileno Heraldo Muñoz. "La relación bilateral está desestabilizada desde hace 135 años, a causa de la Guerra del Pacífico y del Tratado de 1904”, subrayó.
La relación con Chile parece haberse complicado con el ping- pong de declaraciones, acusaciones y críticas entre funcionarios de ambos países…

En procesos tan sensibles y delicados como el que estamos  llevando ante La Haya, suele ocurrir que se enrarece el ambiente. Es obvio. Siempre se producen recriminaciones mutuas, sobre todo cuando cada una de las partes trata de explicar   a la comunidad internacional sus puntos  de vista y los argumentos en los que se sustenta su posición. En realidad, lo que han dicho el canciller chileno Heraldo Muñoz, el presidente Evo Morales, el comunicado de la Cancillería boliviana, etcétera, son episodios dentro de un proceso largo y complejo. No debe alarmarnos  mucho que desde Chile se diga que Bolivia estaría desestabilizando la relación bilateral. Desestabilizar es perturbar una relación que supuestamente era estable. En realidad, la relación bilateral está desestabilizada desde hace 135 años  por dos factores que fueron perversos en el proceso de la integración binacional, la Guerra del Pacifico y luego el Tratado de 1904, que son el  origen de la perturbación que se ha dado a lo largo de la relación bilateral en 135 años.
No hubo un intercambio similar de acusaciones en el caso del diferendo peruano-chileno ante La Haya, el debate fue más discreto…

Obviamente, hay diferencias muy grandes entre los dos procesos. Yo creo que el momento de mayores tensiones  entre Bolivia y Chile, la más agria discusión pública bilateral, se produjo en 1987, con insultos en los medios entre nuestro canciller Guillermo Bedregal y el almirante José Toribio Merino. Fue un momento lamentable, un proceso difícil en la relación bilateral. Lo que ocurre ahora no creo que tenga mayor incidencia;  de hecho, esto no influirá en lo absoluto en el criterio de los magistrados de la Corte de La Haya. Los magistrados se basan solamente en los documentos que las partes presentan dentro de la demanda principal. Estos incidentes no  tienen mayor importancia, corresponden a un ejercicio mediático, al que, al  parecer, es bastante proclive el canciller de Chile.
El canciller chileno suele hacer declaraciones  bastante contundentes. ¿Cómo calificaría la estrategia mediática chilena?

Yo creo que nosotros hemos hecho lo que teníamos que hacer. Es decir, la Cancillería de Bolivia ha sacado un comunicado que establece de manera incontestable que los fundamentos de nuestra demanda no tienden a modificar el Tratado de 1904 ni por lo tanto las fronteras. Chile ha querido tergiversar los fundamentos de la demanda y confundir  a la comunidad internacional, señalando que Bolivia estaría desconociendo un tratado de paz y límites y que estaría promoviendo acciones orientadas a modificar las fronteras. La declaración de la Cancillería era obvia, natural y oportuna, un desmentido que ha provocado una reacción por parte de la Cancillería de Chile.
El canciller Choquehuanca ha dicho que, al margen de la demanda, la relación con Chile es "normal”, que  se siguen tratando los otros temas de la agenda. ¿Esto es poco  creíble, no?

Lo que ocurre es que hay una serie de otros temas que son parte de la agenda bilateral y que no se pueden descuidar, porque son expresión natural de los intereses que tienen los países limítrofes. Entonces, hay algunos aspectos de la agenda que seguramente se siguen tratando dentro  de la rutina, pero no sabemos de avances. No tenemos información fidedigna sobre los avances  de aquello que se llamó la agenda de los 13 puntos, de los temas fuera del tema grande, el tema marítimo. Seguramente hay una comunicacion rutinaria, pero no conocemos resultados concretos.

Hay la percepción en algunos medios bolivianos de que estamos cerca de acariciar el éxito en nuestra aspiración marítima, pero   otros creen que las posibilidades bolivianas de llegar a un acuerdo con la intervención de La Haya  son muy escasas. ¿Cómo ve el panorama de este  proceso?

Los pronósticos no son apropiados en materia internacional. Primero tenemos que ver qué es lo que resuelve la Corte en el tema del incidente de objeción de competencia que ha formulado Chile. Si esto se resuelve a favor de Bolivia, es decir, si la Corte determina que es competente para tratar la demanda, pasarán unos cuatro años hasta que los magistrados emitan un fallo, un dictamen, que en el mejor de los casos va a dar valor jurídico exigible a los compromisos asumidos por Chile con Bolivia para resolver el problema de nuestro  enclaustramiento.

Esos compromisos que tienen fuerza vinculante de acuerdo con  la doctrina y jurisprudencia de la Corte, tienen los siguientes orígenes: primero, el tratado de 1895 sobre la eventual trasferencia de Tacna y Arica a Bolivia; luego están las negociaciones concretas de 1950 y 1975 y, finalmente, una serie muy vasta de declaraciones hechas por altos personeros de los gobiernos sucesivos de Chile en el sentido de un compromiso para resolver el  problema marítimo de Bolivia. Dichos compromisos y expresiones  unilaterales fueron formulados  por personeros que tenían capacidad y  poder para comprometer la fe del Estado chileno.

Son las tres fuentes que sustentan nuestra demanda. Si la Corte decide que Chile tiene la obligación de honrar esos compromisos y, por lo tanto, abrir un proceso de negociación, el fallo nos remitiría a un escenario muy similar, casi idéntico, al de Charaña. Ese escenario tiene todavía   muchas aristas, como la exigencia de un canje territorial o la desmilitarización de la zona o la utilización del 100% de los recursos del río Lauca u otras. Son factores complicados, fueron llamadas las tres aristas difíciles en la gestión de Charaña.

Además,  está  el tema de Perú. Es decir, Chile tendría que comprometerse  a obtener  el consentimiento de  Perú y no tratar de transferir o endosar esa responsabilidad a Bolivia, como lo hizo el año 1976 y 1977, cosa  que demuestra que Chile no estaba actuando de buena fe y lo que la Corte establece es que la obligación debe ser cumplida en un proceso de negociación de buena fe. Entonces, reitero, hay una serie de aristas complejas que todavía van a requerir de muchísimo trabajo diplomático y obviamente de la receptibilidad de los otros dos países, particularmente de  Chile, y en su momento de  Perú.

 Sin el consentimiento peruano tampoco se podrá hacer nada. Como quiera que no he tenido acceso a la documentación oficial, estas apreciaciones se basan en información pública proporcionada por nuestras autoridades, en  declaraciones formuladas por nuestro embajador y agente ante la Corte de La Haya, así como en la doctrina y  jurisprudencia que consultó la Corte en casos similares.


En todo caso, Charaña induce al pesimismo...
Por las dificultades que plantea el escenario, por supuesto,  es difícil. Tendríamos que hacer un enorme trabajo, pero para llegar a ese escenario primero tendríamos que contar con un dictamen favorable  de la Corte.
¿No se está jugando Bolivia a todo o nada? Si el fallo de la Corte es contrario, Bolivia se quedaría en un escenario bastante poco auspicioso…


Lo que ocurre es que nosotros hemos llegado a La Haya después de 135 años de esfuerzos en el plano de la relación  bilateral o multilateral sin ningún resultado. Es decir, hemos ensayado todos los caminos y todos los procedimientos. El único que faltaba era la intervención de un órgano jurisdiccional. El Gobierno ha optado por este último camino. Estos problemas se resuelven cuando la voluntad política es más grande que los obstáculos que hay que superar para llegar a acuerdos. Si esa voluntad política está ausente, como lo estuvo en estos 135 años, no hay posibilidad de solución.

En Chile hay un acuerdo  suprapartidario y supraideológico en contra de una solución…

En el curso del siglo XX, en Chile se ha ido degradando,  disminuyendo, la apertura,  inicialmente mostrada a fines del siglo XIX, para resolver el problema boliviano. Yo sostengo la tesis de que el enclaustramiento boliviano se produce en 1879, ahí comienza el proceso de enclaustramiento. Chile nos ha ido enclaustrando  permanentemente, en un  proceso  que no ha parado en 100 años. Cada vez nos ha enclaustrado más. Eso se ve en los antecedentes: primero era la transferencia  de Tacna y Arica, después ver la posibilidad de internacionalizar Arica, después el norte de Arica sin compensaciones, después al norte de Arica con compensaciones; a partir de 1987, depósitos francos, casi galpones; se han ido degradando sus ofertas: Uno de los mitos es que Chile nunca cambia respecto de Bolivia, pero sí ha cambiado todo el tiempo, no tenía una línea consistente en el propósito de ir enclaustrando cada vez más a Bolivia.


Como excanciller, ¿cómo diría usted que recibe la comunidad internacional la demanda boliviana?
El apoyo está en  las simpatías, como ocurrió en 1979 con la resolución de la OEA. Hemos recibido siempre el apoyo, la simpatía, pero esas expresiones raras veces se han manifestado en acciones concretas;  por ejemplo, en un proceso de mediación, de conciliación, de buenos oficios. Han tenido siempre ciertas limitaciones porque no han ayudado a concretar o viabilizar un proceso que nos pueda conducir a mejorar  las condiciones de la relación bilateral.

"Sería saludable para Bolivia  normalizar las  relaciones con Estados Unidos”

Mur