lunes, 3 de noviembre de 2014

Pilotos argentinos viajaron a las islas Malvinas desde Aeroclub Río Gallegos


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En un desafío personal, tres pilotos del Aeroclub de Coronel Pringles y uno de Buenos Aires, regresaron ayer de las islas Malvinas adonde habían viajado el jueves, desde el Aeroclub Río Gallegos, que les prestó toda la logística y apoyo.

Sergio Comerio piloteó de regreso el avión de Alberto Obejero, que también fue parte del pasaje, junto a Roberto Cazes y Axel Vugdelija.

Comerio contó que desde hace más de un año que vuelan hacia el sur y se les ocurrió que sería una buena opción hacer el viaje a las islas Malvinas y así empezó la organización y tratativas para concretarlo en estos días.

Fue una estadía en el archipiélago, “con excelente atención de todos lados”, aseguran, incluyendo un argentino que ofició de guía por diferentes lugares: “Lo pasamos bárbaro”.

Obejero contó el itinerario, que partió del Aeroclub de Coronel Pringles, con invitación de este Aeroclub que hizo de base y hasta donde tuvieron más de ocho horas de vuelo. 

A Malvinas en tanto, adonde partieron el jueves, fueron de ida 2 horas 40 minutos, y de regreso, casi cuatro horas, la mayoría del tiempo sobre el mar, “sin opción”.

Por eso fue fundamental el apoyo de la Marina, Base Aeronaval Espora, que les dio una balsa de supervivencia, con una clase de tres horas y los equipos antiexposición, ante la posibilidad de caída al agua y entrar en shok.

Afortunadamente la hazaña aérea, en una aeronave Cessna 182, con un motor algo más grande de lo convencional, de 280 caballos de potencia, fue sin sobresaltos.

Detallaron que la velocidad crucero es de 130 nudos y dadas las características de la zona con 50 nudos en contra o a favor,  a la ida fue entre 150 y 180 nudos y de regreso, arrancando con 85 nudos y promediando los 110 hasta el final.

Extranjeros. Obejero contó que los trámites son fáciles, “desde el respeto y la cordialidad”, la comunicación empezó vía correo electrónico en inglés, “te hacen llenar una forma, muy sencillo, 0 burocracia”.
“Se aterriza en la Base Militar, los funcionarios de Aduana te piden pasaporte, y recién podés ir a Puerto Argentino, Stanley para ellos, cero complicaciones”.

No obstante la sensación de ser extranjeros en suelo argentino, Cazes contó que la emoción es tan grande como particular “cada uno la vive a su manera”.

Escuetos en sus expresiones tras la conmovedora experiencia, los aviadores se mostraron especialmente preocupados por resaltar el apoyo que tuvieron del Aeroclub Río Gallegos, con un servicio que fue fundamental para concretar esta experiencia.

Vugdelija también contó su experiencia. El más joven del grupo, el último en subirse a la travesía y el primero en divisar las islas: “El Rodrigo de Triana” bromearon, por el marinero español de finales del siglo XV, acompañante de Cristóbal Colón en su primer viaje del descubrimiento de América. Contó que “Alberto (Obejero) las había visto antes y no había dicho nada por miedo a equivocarse”, así que fue él quien dio el grito de tierra.

Su incorporación al grupo resultó producto de una complicación de último momento. El joven aseguró que es una experiencia para repetir, “en un avión más grande por ahí, pero si, la repetiría”, confesó.