viernes, 5 de diciembre de 2014

Malvinas y las piruetas marítimas



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Por Marcelo Cohen (*) - En un artículo publicado en Clarín, 9/11, Carlos Escudé propone renunciar a la soberanía de Malvinas a cambio de obtener una porción considerable de espacios marítimos circundantes. Sus argumentos son que “le quitamos tierras al Paraguay y todo el sur argentino a los indígenas” y que “la recuperación de las tierras es imposible”.

Escudé parece ignorar que fue la Argentina quien invocó que “la victoria no da derechos”, luego de la Guerra de la Triple Alianza.

La primera persona con identidad conocida que nació en las Malvinas fue Malvina Vernet, afirma Cohen

Es de lamentar esta comparación con el acto de una potencia colonial que toma por la fuerza una parte del territorio de un joven Estado con el que mantiene relaciones de paz y amistad, lo expulsa y luego instala su propia población. Escudé parece ignorar que fue la Argentina quien invocó que “la victoria no da derechos”, luego de la Guerra de la Triple Alianza.

A pesar de ocupar territorios, no los anexó. Los límites con el Paraguay fueron fijados por tratado en 1876 y por un laudo arbitral del Presidente estadounidense en 1878 que perdimos. El argumento de que le quitamos la Patagonia a los indígenas es muy popular entre los británicos que dicen: “si nos piden que les devolvamos Malvinas, devuelvan la Patagonia a los Mapuches”. Aun si correspondiera, la Argentina no tendría un Estado a quien restituir esos territorios. El Reino Unido sí. Hoy la Constitución Nacional reconoce los derechos de los pueblos originarios. Forman parte del pueblo argentino.

Son conocidas las habituales ligerezas de quien fuera asesor del canciller Di Tella. Antes decía que las Malvinas no eran argentinas porque ningún argentino había nacido allí y porque como México perdió California nosotros tendríamos que aceptar que perdimos Malvinas. Ambas afirmaciones incorrectas.

La primera persona con identidad conocida que nació en las Malvinas fue Malvina Vernet. México renunció a California por tratado. Ningún tratado establece que la Argentina renunció a su soberanía sobre Malvinas, aunque la propaganda británica reciente quiere hacer creer que tal cosa ocurrió con el Tratado Arana-Southern de 1849 que puso fin al bloqueo británico del Río de la Plata.

Escudé se libra a una asombrosa digresión sobre delimitación de espacios marítimos. Si renunciáramos a las Islas, una delimitación debería ir más allá de una línea de equidistancia, habida cuenta la desproporción entre la longitud de las costas continentales e insulares.

Pero la ilegal declaración británica de una zona de pesca alrededor de Malvinas no aplica la línea de equidistancia, sino una circunferencia con un radio de 150 millas trazado desde el centro del archipiélago.

La propuesta de Escudé consiste así en renunciar a la soberanía sin obtener nada a cambio. Su comparación con las islas anglo-normandas para justificar que las aguas al oriente de Malvinas serían reconocidas como argentinas tampoco es feliz. Entre las costas británicas y francesas hay menos de 200 millas y las islas anglo-normandas están muy próximas al continente, mientras que las Malvinas están a más de 200 millas del territorio continental.

Dejemos de lado estos tecnicismos. Escudé propone simplemente una negociación de delimitación de espacios marítimos como las que cualquier Estado ribereño haría con su vecino.

Cierto, también agrega una participación argentina del 50% en los beneficios de los recursos marinos, aunque no explica de dónde surge ese porcentaje y a qué espacios se aplicaría. Basta mencionar que la distribución de regalías entre las provincias petroleras y el estado federal es mucho más favorable a las provincias que la propuesta de Escudé para Malvinas.

Escudé es funcional a la propaganda británica que afirma que nos interesa Malvinas por sus riquezas de hidrocarburos. La Argentina reivindica las Islas desde que fuera despojada de ellas, cuando ni se hablaba de petróleo.

Las relaciones internacionales muestran muchos ejemplos de situaciones que parecían inamovibles para la Realpolitik y que sin embargo se desmoronaron sin que nadie las previera.

La Argentina debe continuar su política de reclamación ante todos los foros internacionales disponibles.

Debe ofrecer una propuesta concreta de solución en el marco de lo que establece la Constitución. Autonomía con estatuto especial y garantías internacionales, doble nacionalidad, mantenimiento del modo de vida actual incluso idioma, distribución de recursos de los espacios marítimos similar a la existente entre las provincias ribereñas y el estado federal, comunicaciones, salud y educación garantidos por el estado federal y la desmilitarización del territorio. Una propuesta concreta y constructiva.

(*) Marcelo Kohen es Profesor de Derecho Internacional, Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra.