martes, 23 de diciembre de 2014

Cuba y Las Malvinas






 ¿Belice,  La Guyana Esequiba y el Peñón de Gibraltar ?
Tomado de:

Domingo, 21 de diciembre de 2014 | 4:30 am
Rafael Roncagliolo

Ex Canciller de la República
La normalización de las relaciones entre Cuba y los EEUU de América, así como la liberación de prisioneros por ambas partes, es la noticia más importante de los últimos años para el hemisferio americano. Si, como esperamos, este es el comienzo del fin del bloqueo, entonces estamos ante una situación que significa que EEUU empieza a superar su aislamiento dentro de la ONU (donde solo Israel ha acompañado su intransigencia para con Cuba) y de la OEA (donde todos los países latinoamericanos y caribeños han votado contra el bloqueo). Hay que felicitar, entonces, a Raúl Castro y a Barack Obama, los presidentes de dos países con los que el Perú tiene  magníficas relaciones.

Para los peruanos es motivo de alegría y también de orgullo. En 1868, el Perú fue el primer país en reconocer a los combatientes cubanos la condición de beligerantes. En 1869, el Perú reconoció la independencia de Cuba. En la década siguiente,  el peruano Leoncio Prado combatió como ayudante de Ignacio Agramonte. 

En los tiempos recientes, el Perú ha sido uno de los primeros países en restablecer  las relaciones con Cuba; y, sobre todo,  reconoce como hito mayor de nuestra historia internacional la dignidad y el brillo con que el canciller Raúl Porras Barrenechea se opuso al aislamiento de Cuba en la VII Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA, realizada en San José de Costa Rica en agosto de 1960. Toda esta historia está narrada, de modo magistral, por Carlos Alzamora en su libro “La agonía del visionario, la lección final de Raúl Porras”. 

Porras no fue apoyado por el entonces Presidente Manuel Prado, tuvo que renunciar y falleció al  mes  siguiente. Cincuenta y tres años después, cuando el Presidente Obama reconoce el fracaso del bloqueo,  se constata cuánta razón tenía Porras. Y también cuánta razón han tenido los países de América Latina y el Caribe cuando dijeron al unísono en la última cumbre panamericana: no habrá más cumbres sin Cuba. 

De hecho, en la política hemisférica reciente ha habido dos temas puntuales en los que se ha visto de modo más evidente las diferencias entre los Estados Unidos y los países latinoamericanos y caribeños: el primero ha sido el del bloqueo a Cuba, en el que hoy parece iniciarse un fecundo acercamiento. El otro ha sido el tema de las Malvinas.

La concordancia en este segundo tema debería haber sido más fácil, si se considera que todos los Estados americanos, sin excepción, nacieron de las luchas anticoloniales; que en el caso de las Malvinas se trata obviamente de una colonización tardía; y que lo único que busca América Latina (y el comité respectivo de las Naciones Unidas) es iniciar un diálogo sobre la situación de las islas. Ojalá Estados Unidos revise  su posición también en esta materia, que ya le costó la obsolescencia del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca. Pero, claro, en el escenario global hay alianzas más importantes que la solidaridad hemisférica

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