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sábado, 28 de julio de 2012

CUYUNI (El Incidente del Cuyuni o del Yuruán)


http://bibliografilaguayanaesequibacom.blogspot.com/2012/07/cuyuni_25.html
General Domingo Antonio Sifontes, Comisario Nacional del Cuyuni y sus Afluentes
Copia de una parte del Diario el Tiempo de Caracas.  No 629 del 22 de Abril de 1895  

Tomado de


El Incidente del  Cuyuni  o del Yuruán
Del 02 de enero de 1895, el apresamiento de ocho  ingleses por al arrear el pabellón nacional  de una Estación policial venezolana, izando a su vez el británico 

Caracas 19 de abril de 1895.


Señor Don Carlos Pumar. Director de  El Tiempo.


Su Oficina.

Nos apresuramos a publicar el informe que recibimos del General D. A. Sifontes, Comisario Nacional del Cuyuni, que fue llamado a Caracas, donde reside aún, a consecuencia de haber arrestado a Mr. Barres, jefe inglés invasor de nuestro territorio.


Esta carta tiene el propósito principal de rectificar los intencionados errores que ha propagado dicho oficial inglés, en el relato que hemos publicado, traducido de un periódico de Londres.

La cuestión inglesa tiene hoy dos fases distintas. Una es la de reclamaciones por daños materiales sufridos por los ingleses en su establecimiento, lo que, en justicia, deben de pagárseles,  como se  haría con cualquier particular. Otra es la que se refiere a nuestra jurisdicción invadida, como lo demuestra la carta del General Sifontes.


La desembocadura del Yuruán, a cuyo frente se halla situada la estación inglesa, encuéntrese al suroeste del pueblo de Tumeremo y al Sur de Nueva Providencia, solo separada de estos del Distrito Roscio, por una faja de de diez lenguas de montaña.

De ese punto de la confluencia, ocupada por Mac Turk en 1890, empieza el Cuyuni a dirigir su rumbo hacia el sur. En esa posición pretenden asegurar el dominio del inmenso banco de tierra existente entre el Esequibo y el Cuyuni.

Si la República consiente la ocupación del Amacuro y la del alto Cuyuni dejara a la usurpación, por el Norte, en posición del Orinoco. Y por el Oeste, en el corazón del Yuruary, con un pie sobre el Caroní.

La actitud del Gobierno norteamericano (Estadounidense), el progresó de nuestro derecho en la opinión pública en toda América y principalmente en el pueblo del Norte, nos hacen creer que ya es tiempo de que el gobierno se proponga algún acto que reivindiqué nuestro territorio o tienda a ocuparlo.


Esperemos que el interesante informe del General Sifontes despierte nuevamente el espíritu público, determine a nuestros funcionarios a salir del silencio que guardan sobre el particular y reanime aquella fibra patriótica que, en los primeros días de la ocupación, produjo espontaneas manifestaciones de indignación creó sociedades y expuso el desagrado que sentían los venezolanos por el atentado de que son víctimas.

Al dar las gracias al general Sifontes por que, atendiendo a nuestras exigencias publicadas nos ha enviado esta relación.

1894-1895 Plano Topográfico de la Estación venezolana del El Dorado. Como se puede observar en el plano de la época esta señalado el pequeño conuco de Loreto Lira  en la margen derecha del Cuyuni, así como el  de la Sra. Manuela Casaña  y las Estaciones de Policía  (Colección de la Fundación de la Guayana Esequiba)
Caracas 19 de abril de 1895.
Señor Don Carlos Pumar. Director de  El Tiempo.
Su Oficina.

      Impuesto del informe publicado en el número 616 de su ilustrado periódico suministrado por el titulo  Inspector  ingles  Barnes, relativo a los sucesos ocurridos en agosto del año próximo pasado y enero del corriente en las riberas del Cuyuni deber mío es rectificar los intencionados errores en que ha incurrido en su relato el mencionado oficial inglés, con tanta mayor razón, cuanto que no solo trata de herir mi dignidad personal sino también la del gobierno   que en dichos actos me cupo la honra de representar, en mi carácter de Comisario Nacional en aquella región.

Para mejor esclarecimiento de los hechos  forzoso me es retroceder las cosas al estado en que se hallaban en marzo de 1894. Fecha de mí llegada a aquellas comarcas, honrado con el cargo de Comisario Nacional del Cuyuni y sus Afluentes, el cual me fue discernido por el actual Supremo Magistrado de la Nación.

Siendo el objeto primordial de mi cometido el fomento de la colonización en la sección de la Republica puesta bajo mi jurisdicción, procedí a verificar desmontes  considerables en las riberas del Yuruán y el Cuyuni.

En la margen izquierda de este último río se fijo el asiento de la Comisaria General  poniéndole por nombre “El Dorado”, a la población que se levanta.

En marzo solo existían entre una y otra ribera,  nueve casas:-6 en la izquierda y 3 en la derecha. De estas últimas, dos con sus respectivas labranzas, fueron fundadas en 1870, por José Francisco y Loreto Lira Miguel Ángel González y Lorenzo Rivas; y la otra construida en 1890, por un súbdito británico llamado Mc Turk, frente a la desembocadura del Yuruán, y en la cual residían seis individuos de la misma nacionalidad, ocupados en los trabajos de un pequeño conuco, y, desde abril o mayo, bajo las ordenes del titulado Inspector Barnes.

Visitado yo por este, existió entre nosotros pocas, pero corteses relaciones -- y según lo dice el mismo Barnes en su informe – por disposición del Gobierno del Demerara    trató él de perturbar en sus trabajos de fabrica de casa y labranza, sobre la margen derecha, a un joven de nacionalidad alemana Guillermo Faull, haciéndole retirar junto con sus peones, del referido lugar. Full puso su queja ante la Comisaria y fue por está autorizado para llevar un número mayor de peones con sus respectivos machetes de trabajo – el inglés viéndole en mayor numero,  se retiro a su casa.

En la mañana siguiente volvió a ser ocupado el puesto por los mismos agentes ingleses, pero armados de rifles. Un tanto molestado por tan inexplicable tenacidad y odiosa pretensión, ordene poner a las ordenes de Full  ocho hombres armados también, y a toda eventualidad. Lo mismo que el día anterior  los ingleses fueron desalojados, sin causarles daño  alguno, y a la vez fueron notificados de que no intentasen   la repetición de aquella instrucción.

Este incidente,  sin embargo no altero mis buenas relaciones con Barnes, quien por su fino trato, se capto mi aprecio personal.

Desde entonces deje una guardia de siete policías en el punto dicho, decidido como estaba a vigilar debidamente el río, para impedir a todo trance el tráfico de contrabando, que antes se hacía de acuerdo con los mismos ingleses. 

La colonización avanzaba de tal modo que para los últimos días de diciembre se contaban por todas 23 casas, unas ya terminadas y otras en construcción.

En el río Coroco – treinta lenguas más abajo -  afluente del Cuyuni, sobre la derecha fabrico el ciudadano Pedro Ravelo una casa y fomentó la labranza  de frutos menores.

Este lugar es la misma antigua posesión en que, con carácter de autoridad venezolana nombrada por la  Gobernación del antiguo Territorio Yuruary residió el malogrado General Felipe Parra, años   antes en 1890.

Que el conflicto ocurrido el 02 de enero fue premeditado por los colonos usurpadores de Demerara, lo comprueba el editorial del Argosy, del 24 de noviembre del año próximo pasado, en el cual se pronosticaba una colisión probable entre venezolanos e ingleses del Yuruán, y de antemano se lamentaba la perdida de preciosas vidas, por supuesto de ingleses, a la vez que se nos perjudicaba a los venezolanos los más hirientes calificativos y los más atroces dicterios.

Prueba más elocuente se hallara en la siguiente nota dirigida por Mr. Barnes al encargado de la Comisaria del Cuyuni, durante mi ausencia de “El Dorado”, motivada por la grave  enfermedad que puso en riesgo mi vida. – Léase *

“…Estación de Policía del Yuruán – Río Cuyuni – Guayana Británica – 13 de diciembre de 1894 – Al Oficial Comandante de la Estación venezolana. – “El Dorado” -  Río Cuyuni. – Venezuela – Señor: Refiriéndome  a mis Cartas del 12 y 13 de Octubre de 1894, dirigidas al General Sifontes, con Motivo de la venta hecha por Manuela Casañas a uno de los Oficiales de la casa y conuco que poseía a la margen británica del río Cuyuni, tengo ahora el honor de decir a usted que, en mis dos cartas aludidas, manifestaba dar de plazo al comprador de tiempo conveniente para mudar los artículos comprados. – Habiendo transcurrido  ya dos meses, pienso  que ese tiempo es más que razonable al efecto; y por consiguiente pongo en conocimiento de usted que, los frutos que quedan, casa, etc, etc…deben ser quitados de dicho conuco antes del 31 de diciembre de 1894. – En I° de enero de 1985 tomare de hecho posesión del mencionado conuco y de todo cuanto el contenga, en nombre del Gobierno de la Guayana Británica; y no permitiré a nadie entrar en él sin mi permiso – Durante los últimos tres días algunos soldados venezolanos han desmontado un lugar inmediato a dicho conuco, a despecho de mis advertencias. – Protesto, por tanto, con la mayor energía contra la violación continua del territorio Británico, en el cual persisten los soldados venezolanos. – de todo lo cual daré informes a mi Gobierno en primera oportunidad. – Sírvase  acusarme recibo de la presente nota.—De Usted obediente, etc. – D. D. Barnes…”

Hiere el patriotismo el tono altanero  de la nota anterior; y con lo ya por mi expuesto y con lo informado por el mismo Mr. Barnes, no se necesita de mucho esfuerzo para comprobar la premeditación del atentado por parte del inglés; y es esto tanto más irrefutable cuanto que el mismo Barnes declara solemnemente en su informe, haber sido autorizado previamente por su Gobierno, para proceder como lo hizo,  apoderándose alevosamente de nuestro puesto de policía, en momentos en que la guardia destinada a custodiarlo se hallaba en el cuartel practicando los ejercicios ordinarios, cosa que frecuentemente sucedía.   

Hay actos ante  los cuales la paciencia se pierde y el ánimo se subleva.—Por eso no fue extraño que la ciudadanía de “ El Dorado” se exasperara y que hasta  los mismos extranjeros participaran de la natural indignación ante el insólito atentado retado así el patriotismo, el Capitán Domínguez, jefe de nuestro cuerpo de Policía repasó precipitadamente el río con parte de sus agentes y reparo el ultraje  inferido reduciendo a los agresores a prisión.

Avisado yo por expreso, púseme   en marcha para “El Dorado” inmediatamente, donde llegue en la tarde del día 8.

Procedí a instruir el sumario de ley.—Contestes las declaraciones tomadas, entre estas, la del mismo Barnes, puesta en inglés  de su puño y letra, la detención fue decretada.

Barnes me propuso abandonar el Cuyuni exigiéndome le dejara ir para  Demerara por el río, exigencia a  que   no me fue posible acceder; -- no obstante le hice diferentes concesiones, siendo una de ellas la de permitir que hasta Ciudad Bolívar le acompañara el señor George Cipriani, amigo suyo y empleado de mi dependencia;-- porque juzgaba punible la falta cometida, creía que podía incurrir en grave responsabilidad para con mi Gobierno.  Así   se lo manifesté  personalmente, significándole  a la vez la pena que me producía el procedimiento que el deber patriótico me imponía tomar respecto de él en tales circunstancias.—Barnes contesto,  apretándome cordialmente la mano: “… comprendo sus deberes, General; y a pesar de todo, protesto a usted mi personal  y sincera amistad. Yo también como subalterno y servidor de mi país no hago más que  cumplir las órdenes que recibo…”--  Me manifestó, además, que el día de su arresto, gentes del pueblo y subordinados míos, le habían causado algunos daños  en su establecimiento.

Queriendo quitarle todo motivo de queja me apresure a pagarle el monto del daño causado,  sin averiguar nada sobre el particular y bastándome con su palabra. —sobre esto, conservo el recibo que me otorgó junto con la lista detallada de los efectos que dijo le faltaron.

Ante la cuestión magna de la usurpación del territorio en la parte más valiosa de nuestra rica Guayana, ¿quién, que venezolano  fuera, sin mengua suma, detendría su consideración ante este hecho, sin hacerse reo de lesa patria, cómplice del inglés?

Plausible fue, y me complazco en ello, que el odio nacional no tomara en ese día de patriótica indignación mayores proporciones.

En cuanto al maltrato hecho a un súbdito inglés, el individuo a que Mr Barnes ha hecho referencia es un loco y sordo. Impertinente cuando se halla en estado de embriaguez, y a quien la guardia del río    hizo dormir una noche al aire, como ella misma lo hacía, para evitar que se pudiera llevar  en la noche una embarcación. Días después fue arrestado, porque pasando por el cuerpo de guardia le fue pedido por el Sargento un papel que trato de ocultar. Insolentado por que se insistió en que lo entregara, recibió de un policía un correazo dado con el cinturón. Avisado por Barnes, que me busco al efecto, hice soltarlo en el acto y reprendí al policía (así lo ha manifestado y publicado  el ismo inspector inglés en otra ocasión). También ordene no hacer mas caso de que aquel pobre diablo, fueran las que fuesen las insolencias que en ciertos momentos pudiera proferir. Este mismo individuo me pidió auxilio para irse y ordene darle el pasaje y manutención hasta Ciudad Bolívar. Barnes sabe todo esto y ¡lo calla¡

Los demás sucesos los consigna el Inspector en un Informe; pero es del caso hacer constar que él y los suyos fueron puestos en libertad en Upata, sin llegar a su destino.

El expediente con que fueron remitidos fue abierto por el señor Cesar Urdaneta.

Pero lo que a fuer de caballero debió no silenciar el oficial británico, es: que los gastos todos, de él, su segundo, los siete individuos de su dependencia y el loco todos desde el día de su arresto, verificado el 2   de enero   hasta su llega a San Félix el 28 del mismo. Corrieron por cuenta de la Comisaria General. Debió también decir    que mis consideraciones personales para él fueron tan espontaneas, que llegue a poner a su disposición para el viaje mi mula aperada y que en Guasipati como en Upata y demás puntos que recorrió, siempre me manifestó perfecto reconocimiento  por las atenciones recibidas, tanto de mi, como de los individuos que componían la escolta, señores Coronel Luis Manuel Salazar  y Oficiales Luis Barrios Gómez y Pedro Manuel Hernández, y ciudadano George Cipriani. Véase en comprobación de lo dicho la siguiente carta que de Upata me dirigió Barnes: (*)

“…Upata: 21 de Enero de 1895 –
Señor General D. A. Sifontes. —Estimado General—
Tengo el honor de informar a usted que ayer, a nuestra llegada aquí, fuimos puestos en libertad por orden del Presidente, Y seguimos ahora para   Georgetown, vía Trinidad – No   puedo sin embargo dejar a Venezuela sin manifestar a usted que desde nuestra salida del Cuyuni el señor Luis Manuel Salazar nos ha prodigado los mayores cuidados y atención en todo lo que hemos necesitado, y que no tenemos  nada de qué quejarnos. Lo mismo debo de decir de sus compañeros. Doy a usted personalmente las gracias por todas las molestias que se ha tomado – no  dudando también  haberle causado inconvenientes con la traída del señor Cipriani. Con recuerdos amistosos del señor Baker y míos, tengo el honor de suscribirme de usted obediente  servidor. – D.A. Barnes…”.

¿Cómo se compadece este procedimiento con lo manifestado luego Barnes en su Informe, en el cual aparece exagerado mezquinamente los hechos, a la vez que oculta otros que podrían enaltecerle si fuera verídico y justo?

Pero,  ¿qué  mucho que Mr.  Barnes sea injusto en Londres, si ya desde Altagracia donde encontró al señor Cesar Urdaneta,   comprendió el terreno en que le era más conveniente situarse? Delante de los individuos de la escolta, que hasta aquel lugar acompañaron a los ingleses, dijo  Urdaneta a Barnes, al encontrarlos:
– “…ya sé que   a ustedes los han maltratado mucho
– No señor, – contesto el inglés – a nosotros se nos ha  trato bien y el General Sifontes nos pago un pequeño daño que nos hizo su gente.
--No; yo sé que  los han tratado muy mal. El General Sifontes es el culpable de todo lo sucedido. El Gobierno ha desaprobado su proceder y lo llama a Caracas. Yo vengo a reemplazarlo. Así pues yo espero que ustedes regresaran conmigo para su puesto, pues conmigo tendrán  toda clase de garantías…”.

Un colono de Demerara no defendería mejor que Urdaneta la causa de la Usurpación.

El inglés puede decir en contra nuestra cuanto se le antoje; procurar nuestro descredito está en su interés; pero un venezolano, en el asunto que nos ocupa, no podría sin estar envilecido, defender así los intereses del invasor.

¿Qué interés ha llevado   Urdaneta en hacerme aparecer responsable de lo sucedido?—Esta él en Ciudad Bolívar el día 02 de enero, y yo me encontraba a veintitrés  lenguas  distantes del Cuyuni ese mismo día – cónstale también,  por encontrarse bajo un mismo techo conmigo en “El Dorado” que fui sacado en hamaca de aquel punto, en los últimos días de noviembre, gravemente enfermo. —Sabe así mismo que el 23 de Diciembre, hallándose en mi casa del Buen Retiro, pasando Pascuas conmigo, Salí por primera vez fuera de mi habitación, para ir en compañía suya y de otros amigos, señores Luis  N. Neyr, Carlos Lezama y otros a dar un paseo a una casa vecina, donde llegue a duras penas, tal era mi estado de debilidad producido por las fiebres.  

¿Qué interés obligaba  a Urdaneta, distinguido por mí en todas  ocasiones a convertirse a su regreso, pocos días después,  en mi gratuito enemigo?     

¿El puesto del Cuyuni?  Bien sabe él que no es mío y que lo serví siempre con la mayor dignidad y buena voluntad.—ojala pueda él   desempeñarlo como lo aconseja el patriotismo y los intereses de la Republica.

Habiame abstenido  de hablar, no obstante que la voz de la intriga se ha alzado  mezquina y cruelmente para tergiversar los hechos ocurridos y relatados por mí; pero las inexactitudes en que ha incurrido el Oficial inglés en su informe publicado en Londres, me obligan a interrumpir mi silencio. A fin de   ilustrar el criterio público y dejar, por mí parte bien puestos la honra y los derechos de la Nación. Como a la vez salvar mi concepto de empleado público.

Contando con que usted se servirá publicar esta carta me suscribo su atento.
Servidor y Compatriota
Domingo Antonio Sifontes
(*) También se haya aquí depositada el Original 

miércoles, 3 de marzo de 2010

El Dorado celebra hoy 116 aniversario de su fundación






Tomado de:
http://www.eldiariodeguayana.com.ve/content/view/63732/1/

martes, 02 de marzo de 2010

El puente sobre el río Cuyuní, uno de los íconos.


El Dorado.- Con motivo de conmemorarse hoy el centésimo décimo sexto aniversario (116) de la fundación de El Dorado, se llevará a cabo una serie de actos cívicos, culturales y musicales, en la plaza Bolívar de la capital de la parroquia Dalla Costa en el municipio Sifontes. El programa elaborado por la dirección de Relaciones Públicas de la alcaldía de Sifontes, contempla que a las 9:00 am se celebre una Sesión Solemne, fungiendo Maigualida Cardozo como oradora de orden. A las 12:00 del mediodía es el desfile cívico, con la participación de los diferentes planteles educativos de la parroquia.


Aníbal Eduardo Sandoval
A las 7:00 de la noche se llevará a cabo la elección de la Reina de El Dorado, para continuar con la presentación de talentos artísticos locales, un grupo de regueton, la presentación especial de Johana Guzmán y una agrupación de música bailable.


RESEÑA HISTÓRICA
El 2 de Marzo de 1894, los primeros venezolanos asentados en las riberas del río Cuyuní y en confluencia con el río Yuruán, al mando del general Domingo Antonio Sifontes, liberaron sus energías creadoras en medio de la incertidumbre, del miedo y la confusión, para afirmar la soberanía nacional y los primeros cantos de libertad en esta frontera.


El Dorado, es una tierra circundada por los ríos Cuyuní y Yuruán, donde convergen una diversidad de ideas y luchas, en la proyección y consolidación de metas que persiguen sacar adelante a esta parroquia que forma parte del municipio Sifontes, es aquella soñada por muchos conquistadores de la época colonial, que siempre buscaron el oro, no en vano el pueblo está rodeado de diversas minas río abajo y río arriba, que son el principal soporte económico de la población.


El general Sifontes
Domingo Antonio Sifontes nació en 1834, en la población de Cantaura, estado Anzoátegui. Desde muy pequeño se trasladó a Tumeremo con sus padres donde se dedicó a las labores del campo. También, fue conocido como el llanero intelectual por su inclinación a la lectura y los estudios, según lo reseña el historiador y cronista del municipio Sifontes, Tomás Rafael Yépez, quien expresa: “El general Sifontes fue quien oficializó el nombre de la población de El Dorado, para este pueblo tiene un recuerdo muy importante y lo llevamos en el corazón como un hombre luchador, por su valor heroico en la lucha contra el invasor inglés”.


El encuentro del general Sifontes con la historia, tuvo lugar en El Dorado, cuando en 1894 se enfrentó a los ingleses, quienes provenientes de la Guayana Británica, hoy Guyana, cruzaron el Cuyuní por este lugar y se internaron en son de conquista en el territorio venezolano con ideas de llegar hasta El Callao y apoderarse de sus minas de oro. Sólo pudieron llegar al sitio conocido como “Piedra Escrita” en el camino hacia Tumeremo donde los enfrentó Domingo Sifontes y los hizo regresar a sus tierras de origen. Esta acción fue reconocida por la Asamblea Legislativa del estado Bolívar cuando al dictar la Ley Político Territorial que separaba a Tumeremo del Distrito Roscio, creó al Distrito Sifontes en 1993, convertido más tarde en lo que es hoy el municipio Sifontes.


Durante años los españoles estuvieron buscando un reino fantástico, El Dorado, que situaban en alguna parte de la Guayana venezolana. Nacido de la unión de varias leyendas, se creía que El Dorado era una ciudad hecha de oro y piedras preciosas. Muchos lo buscaron. Diego Berrío inició la conquista de Guayana, buscándolo.


Ubicación geográfica
Producto de esas fábulas, El Dorado fue ubicado entre la confluencia de los ríos Cuyuní y Yuruán, sobre una inmensa cuenca que contiene los yacimientos auríferos más grandes del país. Esta localidad debe su nombre al mito de El Dorado, que atrajo a América a muchos hombres como Pedro de Unsúa o Sir Walter Raleigh, éste famoso corsario inglés difundió la leyenda por toda Europa, que contaba que en esta zona vivió el Inca Maroa, quien poseía un palacio hecho en puro oro en honor al sol y a la luna.


En realidad, El Dorado fue una invención de los aborígenes para encantar a los hombres blancos de todo el mundo, salir de ellos y sacárselos de encima. Cayeron en esta trampa españoles, alemanes e ingleses. En su forma original, El Dorado aparece como una fábula andina. Era una laguna azul puesta en el tope de la Cordillera que tenía en el fondo sapos, culebras y lagartijas de oro. Andando los años y avanzando la conquista, esa imagen se transforma en el espejo de una Guayana traicionera, ombligo de oro del mundo americano.


La leyenda
El Dorado brota de la mente de los indios marrulleros. Al ver ellos que el interés inmediato del conquistador era el oro, inventaron en todas partes un truco que habría de servirle para librarse de los incómodos intrusos. Cada vez que el conquistador preguntaba al indio dónde estaba el oro, el indio le confiaba su gran secreto: "Este poquito de joyas que aquí habéis visto, no es nada: el oro está allá, allá, más allá…" y señalaban provincias remotas. De allá en más allá, los codiciosos se movieron hasta recorrer el mapa de una punta a la otra, y los indios confirmaron sus sospechas diciéndole: "No, español: El Dorado está allá, mucho más allá, allá, allá…" ¡En la Guayana! Donde corre un río diez veces más profundo y ancho que el Magdalena y la tierra está empedrada con granos de oro…


Dentro de ese mundo mágico del oro, entre el infortunio y el futuro promisor, hoy celebramos 116 años de la fundación oficial reconocida de El Dorado, quizás su existencia es de una data de muchos años atrás, pero se tomó el año de 1894, como un reconocimiento al gesto heroico y valiente de un hombre, cuyo nombre lleva nuestro municipio: el general Domingo Antonio Sifontes.


Desdicha y desventura
Omelio Cabeza, un nativo de esta población, ex alcalde y próximo a egresar como abogado de la UBV-Tumeremo, expresa: “ En el memorial de sus 116 años de su fundación El Dorado vive la desdicha y desventura ante tanta adversidad nunca antes vista en un pueblo arraigado en el trabajo de la pequeña minería; los grandes yacimientos han sido entregados y están siendo explotados por transnacionales del oro en consorcio con el Estado Venezolano, mientras miles de toneladas del mineral son extraídos, por estas empresas, anualmente de las entrañas de El Dorado, sólo se observa la mirada impávida de sus habitantes, que ve como los problemas sociales se han multiplicado y el pequeño minero ha sido acorralado por la falta de políticas públicas por parte del gobierno nacional”.


“Los habitantes anhelan un futuro mejor; un porvenir capaz de devolverle la confianza en los gobernantes a todos los niveles, por lo que se necesita mayor y mejor atención a los ingentes problemas que padece la población. En estos 116 años, debemos renovar la fe y la esperanza en el futuro y retomar el rumbo que jamás debimos perder.